Archivo de la categoría: PRIMERAS ASCENSIONES

TOZAL DE ARAÑONERA (PICO OTAL). HISTORIAS Y CANTARES

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Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas

Todo pasa y todo queda

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar

(fragmentos del poema “Proverbios y cantares” de Antonio Machado)


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Al preparar la mochila de ataque a primera hora de la mañana, los dos lo tenemos muy claro: La previsión del tiempo no es excelente. No obstante una repisa herbosa ralla por la mitad el margen derecho de la pared, por lo que hemos pactado una retirada en caso de que veamos que el cielo se estropea o de que no nos da tiempo de terminar la vía en una jornada.

Siguiendo una especie de ritual, nos mostramos mutuamente sendas fundas de vivac, la manta isotérmica y la comida que, ha consciencia, abandonamos en la tienda. Por cada objeto desestimado uno dice al otro en voz alta: Si hoy no acabamos, “escaqueo”, a dormir a la tienda, y mañana será otro día. Y el otro asiente, de manera ceremoniosa, repitiendo parte de las palabras y moviendo la cabeza en  sentido afirmativo.

Al colgarme la mochila en la espalda compruebo que pesa menos que en otras ocasiones. Antonio ya ha marchado, y su figura se aleja entre las frías sombras que pueblan los pastos verdes del fondo del valle. Como telón de fondo, fría también al estar orientada de espaldas a los rayos matutinos, el perfil de la pared que deseamos escalar: Otra de las joyas vírgenes que guarda el Pirineo. En realidad casi todas las marchas de aproximación las iniciamos con la misma conducta. Es un  especie de ritual secreto. En un momento preciso a Antonio le asaltan las prisas y marcha, yo dejo que se aleje y caminamos cada uno por su propio camino, acompañados de nuestros pensamientos y nuestra soledad. Creo que, ante ciertas escaladas, este ejercicio de introspección es más que aconsejable y necesario. La armonía interior es la clave para afrontar debidamente estos paredes perdidas y olvidadas, donde nadie sabe que estamos, y donde nadie nos vendrá a auxiliar en caso de necesidad.

Más tarde, cuando la pared ya sea bien visible y ,seguramente, sobre una piedra bañada por el sol, sé que mi compañero me espera. Ambos ya hemos estudiado la pared durante la marcha y romperemos nuestro silencio forzado por la distancia, para empezar a debatir sobre la linea más lógica, evidente y bonita. ¿Es que quizás no sea ésta la esencia del alpinismo? ¿Crear la linea más fácil en la pared más difícil?. Hoy la perspectiva no es muy alentadora: La mitad inferior de la pared forma un frontón homogéneo sin chimeneas ni diedros marcados y donde el terreno es verdaderamente vertical. Yo tengo mis dudas de que la parte inferior no requiera un exceso de artificial, que le restaría elegancia a la vía e incrementaría su tiempo de ejecución. Antonio se muestra exaltado y me comenta su sensación de “tener el día”.

– Hoy “Crestas”, ya me puedes echarme lo que quieras que te lo escalo ….

Dicho y hecho: El segundo largo se muestra vertical, exigente, de roca mediocre, con varias lastras en equilibrio, en el que se combinan difíciles pasos en libre con tramos de Ao. Antonio sube lento pero constante, asegurándose siempre la jugada. El Alpinista veterano sabe que el valor y la prudencia deben consolidar un sólido matrimonio. No en vano es lo que le ha permitido poder escalar durante mucho años.

Expectante, fuera del alcance de la piedras, observo desde la reunión el avance del compañero. Antonio gusta de hablar mientras escala, es un dialogo entre él y la pared, su terapia:

– Halla pondré un pintón,…

– esta presa creo que no tiene buena pinta … Crestas!!!, Saca el pegamento “heraldite” !!!…

– Bueno .. para arriba que no pienso quedarme a dormir…

Yo en cambio acostumbro a cantar cuando el ejercicio de la escalada permite relajación, y cayo como una momia cuando requiere concentración.

Muchos de los escaladores gustan en hablar y hablar de sus “batallitas” en el Bar, ante otros escaladores. Hay otros que, — quizás por el exceso de “batallitas” a contar o porque saben que las experiencias tan solo sirven para la personas que las viven —, se vuelven celosos y precavidos en el habla. Los segundos miran a los primeros con una cierta parsimonia y con una eterna paciencia, y es durante la escalada cuando éstos muestran su prosa. El verdadero diálogo lo tienen con el medio agreste en el que se encuentran. Es entonces cuando en cada movimiento se nota el enorme peso de los momentos difíciles vividos, sus incontables “batallitas” a las que ya no puede bastar cuenta cierta. Os aseguro que “ver” “hablar” a uno de esos escaladores es una verdadera delicia. Hay un tercer grupo de escaladores, — la mayoría jóvenes –, que son aquellos que, ante su falta de experiencias, gustan de explicar “batallitas” de otros con la misma emoción que los protagonistas. Haciendo valuarte muestra de su enorme pobreza empírica. No obstante, la mayoría de ellos acostumbran a desaparecer de este mundo que no es el suyo, o simplemente pasan los años sumidos en un enfermizo vacío que la montaña tan solo ayuda a incrementar.

Poco más tarde del mediodía nos sorprende un repentino cambio de tiempo. Nos sentimos tan cerca de la cumbre!!! La posible cornisa de escape ha quedado bajo nuestros pies, y vista desde arriba comprobamos que tampoco no es tan cómoda como creímos al verla desde el pie de la pared. Cuando empieza a llover cada uno está en una reunión diferente. Antonio arriba y yo abajo. Saco la capelina y espero a que el violento chubasco amaine. Al cesar la lluvia, mi compañero informa de la existencia de una cueva en las cercanías de la reunión donde él está. Se ha refugiado en su interior durante el primer arrebato de la tormenta, motivo por el cual no ha respondido a mis llamadas intermitentes, ahogadas entre los truenos. Yo subo animado por la existencia de la cueva. No hemos visto ninguna en todo el trayecto, y justo cuando necesitamos refugiarnos encontramos una. Que suerte!!!. Al llegar a la reunión, completamente mojado y tras escalar un desagradable largo por roca empapada, me doy cuenta que Antonio,  a cualquier cosa, le llama cueva.

No te quejes, “Crestas”, que no estamos en Montrebei. Aquí no hay baumas de cinco estrellas.

El orificio es estrecho y completamente inclinado, con grava y piedra suelta en el suelo, y con una oscura y estrecha continuación que seguramente se pierde en las entrañas pétreas de la pared. El agua entra por la boca de la cueva y gotea por las paredes y el techo. Dejamos el material bajo nosotros y nos refugiamos tras las capelinas. Pronto la fría humedad satura el ambiente. El vapor sale de todas partes, del suelo, de las piedras con olor a fango putrefacto, de nuestros cuerpos sudorosos y empapados, del techo y las paredes, de las ráfagas de lluvia que el viento azota hacia la cueva. Y fuera los rayos, el ruido, la guerra, el azufre ….

Primero esperamos a que finalice la tormenta. No cesa, pero confiamos en tener aún tiempo de retirarnos. Más tarde un breve rayo de sol entre las nubes de tormenta nos avisa de la proximidad del ocaso. Pocos minutos después, y con las sombras comiéndose nuestro reducido mundo, sabemos que tendremos que esperar el nuevo día en nuestra precaria situación. En cierta manera ya lo sabíamos antes, pero en éstas ocasiones no sueles admitirlo hasta que la evidencia es aplastante. La tormenta vuelve, con sus centelleos incrementados por la negrura de la noche. Ya sabemos que las horas serán eternas … otra vez … y que nos haremos las preguntas de siempre … que soportaremos el sufrimiento de la mala postura … Y las gotas de agua caen de manera constante y lenta, como los eternos segundos de nos separan de la luz. Las quejas y los comentarios con tintes de bromas vienen y van … como el viento, como las nubes.

Antonio aprovecha la ocasión para confesarme que, definitivamente, no me acompañará al Eiger en septiembre. A medio horizonte entre los cuarenta y los cincuenta empieza a estar hastiado de tantas noches como ésta. Sus palabras son sabias. Es muy fácil hablar de grandes escaladas en la ciudad, acompañado de los amigos y de unas cervezas espumantes. Pero es ahora, en medio de la tormenta, refugiados como gusanos en una mierda de agujero, cuando se recapacita sobre éste complejo juego del alpinismo; donde los polos son el sacrificio y la satisfacción, y no existe un ecuador. También me habla de su llamada interior que le encamina a frecuentar menos este tipo de escaladas. Sé que Antonio va de vuelta, y con el zurrón a reventar de tesoros; Yo, en cambio, aún tengo la sensación de seguir yendo hacia algún lugar, empujado por la ilusión que siempre produce practicar el tipo de actividad que realmente me inspira en la eterna lucha de la vida. Es cierto que, para un maestro, mal discípulo es aquel que siempre es discípulo. Entre la lluvia, entre los destellos y entre las pocas palabras que intercambiamos, empiezo a imaginar, — con cierto temor e inerte en una extraña sensación agridulce donde se mezclan alegría y tristeza, — hacia donde irán mis pasos. Quiero completar mi búsqueda de paredes vírgenes pirenaicas en su faceta invernal. No se si estaré suficientemente capacitado para ello; si sabré encontrar las ganas, la fuerza y la compañía. Lo que si que sé es que Antonio no me acompañará.

Al alba se inicia un día frío, con el cielo no del todo despejado. No hace falta que esperemos las caricias del sol puesto que sus rayos no tocan la pared hasta pasado el cenit de la jornada, y, en cualquier caso, la existencia de nubes residuales da de prever que grises batallones privarán a la pared del sol de la tarde. Poco más arriba, en la cresta somital, vemos las agujas caldeadas por el astro rey. Que cerca y que lejos están ¡¡¡. Hemos aguantado toda la noche en el vivac porque creímos estar cerca de la cumbre, pero en realidad aún no lo estamos. Faltan varios largos, entre ellos el más difícil. Uno de aquellos obstáculos que no esperas, y que con el cansancio del día anterior, de la noche, la falta de agua y comida, sientan como una verdadera patada en el estómago.

Por la tarde, otra tormenta. Aún más presta a aparecer y más violenta que la de la jornada anterior. Dura toda la tarde y luego se funde con la noche hasta altas horas de la madrugada. Por suerte, nosotros ya estamos en la tienda. Cenados y acurrucados en los cálidos sacos de dormir. Sabemos del rugido de la tormenta y se nos dibuja una mueca de satisfacción y alivio en las caras. Como puede llegar a cambiar la situación bajo el diminuto caparazón de la tienda!!!.

Autor PAKO CRESTAS Síguenos en instagram @pakocrestas #viatgesmonpetit

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PIC DE COMA MITJANA, VIA TARAL.LIROTS

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Ya hacía años que tenía controlada lo que creo que era la última pared o vertiente virgen de la zona de Carançà, la cara Norte del Pic de Coma Mitjana.

Es una vertiente alejada, alejadísima y poco visible desde los otros valles y montañas. De hecho la propia pared queda enmarcada por una especie de arista que la oculta y el valle de acceso desde el norte es muy poco frecuentado. No se ve tampoco desde otras cumbres, a excepción de una imagen lateral y lejana que podemos ver al estar en lo alto del Pic de Prats de Bacivers. Pero hacer falta ser observador, ser “atrapa-vertientes”.

Hacía más de una década que le iba detrás, de hecho ya estuve en pie de pared en diciembre del 2005, pero en aquella ocasión llegamos muy tarde a pie de pared, el día demasiado corto ya olía a ocaso, a nocturnidad. También nos equivocamos en la aproximación, ya que la realicé caraneando por encima de la Serra de Coma Mitjana. DE hecho, en aquel momento, mi intención principal era sacar buenas fotos panorámicas de la cara norte del Pic de l’infern para la guía que por entonces estaba preparando.

Después de varios años comentando el tema con la boca pequeña a varios colegas de confianza, por fin llegó el día que me encaminé directamente a la cumbre con la intención de escalarla, pero mi compañero de ascensión no vio claro que tuviésemos suficiente tiempo para emprender la escalada y volver al coche en una hora prudencial, por lo que optamos por otra via a la vertientes oeste de Pic de Prats de Bacivers.

No me di por vencido. En estos años de mi vida paso muy poco tiempo en el país, siempre estoy viajando y las posibilidades que tengo de escaparme al Pirineo a escalar son muy contadas, por lo que miro de centrarme en proyectos muy concretos. Sabía que este invierno era extraordinariamente bueno y no tardé demasiado en volver de nuevo a traspasar valles y collados para situarme, esta vez sí, en el pie de la pared que deseaba escalar.

Y la realidad es que fue todo un regalo. La nieve en una condiciones excelentes nos permitió disfrutar de un primer largo muy bonito y estético. Sin duda de los mejores largos de alpinismo que he escalado en mis queridas montañas de Carançà. La ruta, dentro del estilo de pirineismo clásico del Pirineo Oriental, se mostró divertida y variada. Una de aquellas vías que te dejan llevar, donde el terreno es evidente pero a la vez sinuoso.

Un día de aquellos memorables para nosotros, aquellos que todo sale redondo. Una buena pateada, una bonita ascensión y algo que no todos los días se puede decir … volvimos a casa habiendo escalado la que con todas seguridad era la última pared virgen de la zona de Ulldeter – Carançà – Núria. ¿Qué más se le puede pedir a una jornada de escalada en hielo – nieve y mixto en nuestros queridos Pirineos?

FICHA TÉCNICA

Punto de partida: Refugio de Ulldeter, guardado, propiedad del CEC –
http://ulldeter.es/

Aproximación: es larga y tenemos que atravesar tres collados. Desde el refugio tomamos dirección oeste hasta el amplísimo Coll de la Marrana. Desde aquí flanqueamos a media pendiente de la vertiente SO del Puig de Bastiments para llegar al Coll de Coma Mitjana. Traspasamos el segundo collado hacia la vertiente orientada al norte. Descendemos por el valle por debajo de la zona donde se sitúa un pequeño lago para encontrar la pared a nuestra izquierda. Solo será visible cuando estemos por debajo de ella. Calcular unas 3 a 4 h.

Descenso: Continuar el cordal hacia el sur hasta una especie de collado por donde descendemos a la parte alta del valle realizando una diagonal descendiente hacia la izquierda. Nos situamos debajo de la vertiente norte del Pic de Freser y flanqueamos, ahora en ascenso, hacia la izquierda en dirección E.S.E. (hitos posiblemente tapados por la nieve) para llegar de nuevo al Coll de Coma Mitjana, donde ya coincidimos con nuestras huellas de la marcha de aproximación. Calcular unas 2 h 50 min para el regreso de la cumbre al punto de partida.

Época aconsejable: finales de diciembre a abril.

Nombre de la via: VIA TARAL.LIROTS

Primera ascensión: Sergi Quesada y Pako Crestas en febrero del 2019

Dificultad: 250 metros + 150 de arista fácil. Media de 50º – 55º, máxima de 65º y M3

Material útil: Friends y tascones. 3 pitones universales.

Observaciones: Divertida y variada via que realizar un recorrido muy natural en forma de media luna. En la via encontraremos un pitón en la R4 y un tascón en el tramo mixto del L4.

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EL NIÑO PARABOLT, UNA ALTERNATIVA DIFERENTE PARA ESCALAR UN 3.000 PIRENAICO

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El tiempo pasa volando, más deprisa de lo que parece, y hacía ya bastantes años que no le dedicaba tiempo veraniego a las paredes pirenaicas para trazar nuevas líneas de escalada en roca. Parecía ya formar parte de otra vida aquellos tiempos en los que dedicaba buena parte del estío a vagar por valles recónditos del Pirineo y escalando algunas vertientes completamente inéditas y en ocasiones vírgenes.

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En esta ocasión pretendía algo diferente. Es evidente que abrir vías de roca en verano en las paredes recónditas de la vieja cordillera pirenaica es un saludable ejercicio para el espíritu montañero y aventurero; pero también es evidente que las rutas de aventurilla que quedan prácticamente desequipadas caen rápidamente en el olvido y gran parte de ellas ni tan solo son repetidas. Ahora mi buen amigo Joan Lluís y yo pretendíamos dar a luz una gran clásica, sobre buena roca, de una dificultad “popular” y en un paraje que reuniese todas las maravillas de la alta montaña pirenaica, aquella que levanta sus puntas pétreas por encima de los 3.000 metros.

En esta ocasión sería la primera via de este género a tal altura en el Pirineo que quedase completamente equipada con parabolts y que fuese toda ella rapelable. Al estilo de lo que se encuentra en montañas como la Dent d’Orlú o Gourette pero con una diferencia sustancial: donde empieza y donde acaba la via.

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El escenario escogido fue la sábana gris de la Marmolera, en la vertiente sur del Comachibosa (más conocido como Vignemale), en la cabecera del Valle de Ara. El inicio de la via, en el circo sur de la corona de la Marmolera, a 2.850 metros de altura. El circo con neveros perpetuos cuya cubeta lateral visitan todos aquellos que ascienden el Vignemale por el corredor Moskova. El final, en la misma arista somital de la corona de tres miles del Vignemale, a vista de pájaro sobre el agonizante glaciar d’Ossoue y a poco metros de la cumbre del Montferrat.

Una aproximación, larga, larguísima, que implicaba un problema añadido al hecho de querer abrir una via de estas características, que era el transporte de los quilos de material que necesitábamos transportar para dejar la via tal como deseábamos, o sea, bien  equipada. Parabolts, descuelgues, taladro, baterías…. A parte de las cuerdas, material auxiliar de escalada, la tienda, la comida, sacos, etc….

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Pocas veces me ha pasado que antes de abrir una via ya tuviese claro que nombre le pondría. En este sentido soy un poco supersticioso y siempre he considerado que “no hay que vender la piel del oso sin haberlo cazado”. Pero cuando empezamos a caminar la primera jornada hacia la cabecera del valle, con todos los fardos encima, solo me faltó incorporar a la mochila de 30 quilos que llevaba a la espalda otra mochila pequeña en la parte frontal con parte de los parabolts y 7 quilos de peso sobre la barriga, para maldecir el “embarazo repentino”.

…¡Como pesa este niño Parabolt!, le comenté entre risas y esfuerzos a mi compañero, y con el P … niño parabolt nos quedamos. El sobreesfuerzo del primer día lo pagué caro. Una persona pequeña y delgada como yo, de tan solo 55 quilos, no está hecho para cargar con casi 40 durante una cuantas horas. Al día siguiente, mientras me recuperaba del sobre esfuerzo, Joan aún tuvo ganas de hacer un primer porteo a pie de pared, quedándose a media subida. También él notaba el sobre esfuerzo del día anterior, más cuando acarreó mayor carga, aprovechando su constitución atlética de 90 quilos. Cada uno lo suyo.

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La sorpresa fue mayúscula cuando al día siguiente, nuestro primer día en pared, no encontrábamos el petate que había dejado Joan a media subida. Después de dar unas cuantas vueltas, subidas y bajadas, apareció de nuevo el niño Parabolt en medio de la pedrera inclinada, y pudimos continuar con nuestra aventura. Aquel primer día en pared fue bastante productivo y ya descubrimos lo que sería la tónica de la escalada. Sol, roca agradable, dificultad moderada (IVº) y un ambiente espectacular. Largo descenso entre últimas luces de la tarde, disfrutando del danzar de unas pocas nubes de colores cambiantes. Creíamos estar a media pared con los 4 largos escalados, apreciación que más tarde vimos que era incorrecta. La perspectiva de la vertiente vista desde el circo engaña, como tantas otras veces cuando estas al pie del murallón.

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Tras una jornada de descanso volvimos de nuevo a la pared, con la intención de acabar la via, pero se acabaron antes las baterías, justo bajo la que denominamos “lastra de la muerte segura”, un enorme bloque en incierto equilibrio tan grande como una camión que está suspendido sobre la última reunión que equipamos aquel día. No quedó más remedio que descender con 8 largos bien abiertos y esperarnos un año. Era octubre y justo pudimos aprovechar la última semana de tiempo cálido antes de la llegada del general invierno. A pesar de no finalizar la vía estábamos contentos e ilusionados, nuestro proyecto avanzaba viento en popa y ya teníamos la excusa perfecta para merodear un año más tarde por los plácidos prados del valle de Ara, con la mirada fija en la altiva pared de la Marmolera.

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Y este verano pasado ninguno de los dos faltó a nuestro “pacto de caballeros”. Es más, se incorporó al equipo el buen amigo “Paco GPS”, otro hombretón de 1,90 que hizo más liviano el transporte de los fardos hasta pie de pared. Los últimos parabolts, las baterías, el taladro… pero esta vez ya teníamos las medidas tomadas y sabíamos que, si la meteo nos respetaba, era cuestión de una día más de “feina” para concluir esta hermosa via.

Y así fue, veni, vidi, vici. Buena jornada con sol desde el alba hasta el crepúsculo, sin viento, temperaturas agradables a pleno sol y conclusión de la via sobre la arista con vistas al glaciar. ¿Qué más se puede pedir? Subir hasta los 3.200 metros escalando, ver el glaciar con los pies de gatos calzados y bajar por el sistema de rápeles recientemente equipados con buenos parabolts y anillas. Todo un lujo.

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Ahora que las nevadas y los fríos rigurosos vuelven a dominar estas altivas tierras que rozan el cielo, un estático letargo invade el niño Parabolt. Pero como siempre, volverá el sol a alcanzar la alta parábola, volverán los días a ser larguísimos y las temperaturas estivales harán de nuevo agradable y placentero el tacto de la roca. Allá os espera nuestra nueva via, diseñada para el deleite del escalador clásico amante del IVº grado. Os espera una escalada divertimento, que disfrutéis del niño Parabolt, que ya ha sido concebido y en el 2015 gateará en su primer año de existencia. Ojala la buena estrella de le una larga vida y se convierta en una bonita clásica. Esta, y no otra, ha sido la intención de sus “papas”.

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Podeis descargar la reseña y la descripción de la vía en el siguiente enlace: http://www.pakocrestas2.com/pako-v%C2%BA/vignemale-gavarnie/

Marmolera - niño parabolt

Con posterioridad a la apertura de la vía, unos escaladores que la repitieron realizaron este pequeño video, muy recomendable. Gracias Rafael.

Autor PAKO CRESTAS. Síguenos en instagram @pakocrestas #viatgesmonpetit

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