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DEBATE SEVEN SUMMITS DE OCEANIA. ¿PYRAMIDE CARSTENZ o MONTE WILHELM?

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¿Cuáles son los límites de Oceanía?

Ahora que estuvimos un grupo de amigos coronando el Aconcagua, y estando en nuestra mente (al menos de algunos de nosotros) ir por las Seven Summits, se nos planteó la controversia de cuál es la cumbre más alta, si la Pyramide Carstensz, de 4.880 m, en la zona de Indonesia, o si el monte Wilhelm, 4.510 m., en el estado de Papua Nueva Guinea. Hay cierta confusión, ya que la isla de Papua Nueva Guinea está dividida entre dos estados. Uno de ellos, el que tiene la montaña más alta, políticamente está considerado como un Estado Asiático, lo que le concedería el honor a la otra cumbre de la isla. Pero físicamente hablando toda la Isla de Papua Nueva Guinea, tanto la parte de Indonesia como la parte oriental, están dentro de la masa continental oceánica. O sea que Indonesia, un país considerado asiático, tiene parte de su territorio (donde se localiza la Pyramide Carstensz) en Oceanía.

Acompaño a este post diferentes imágenes y mapas:

1. El mapa político.

2. Imagen satelital.

3. Imagen Ortográfica.

4. Mapa geo cultural.

5. El mapa definitivo, donde se localizan las diferentes fallas de separación de las masas tectónicas.

Una vez consultadas diversas fuentes creo que la resolución es bastante clara. Lástima que no desbancar a la Pyramide de la colección de la Seven Summits, considera siendo un fuerte hándicap económico para aquellos que soñamos con coronar las preciadas seven summits.

Si quieres participar con nosotros en el proyecto Seven Summits, encontraras más info en: https://www.catalonia-trekking.com/seven-summits/

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ACONCAGUA 1992, CENTINELA DE PIEDRA

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A (0)El Aconcagua, con sus 6.962 metros de altura, es la montaña más alta de las Américas y también el techo del hemisferio Sur. Tan solo en el Himalaya y en sus estribaciones (Karakorum. Tirich Mit, Pamir, etc …) encontramos cumbres de mayor altura. Constituye el lugar más elevado de la esquina dorsal de la cordillera de mayor longitud del mundo: los Andes. Lugar de parajes únicos e irrepetible que se extiende desde la costa caribeña, ve cruzar el ecuador y se pierde en las antárticas latitudes del fin del mundo: la tierra de Fuego.

La montaña del Aconcagua es, con diferencia, la cumbre más visitada de los Andes. El hecho que sea el “rey” y la facilidad técnica de la vía normal, son factores que llaman al “gran público”. Una inmensa cantidad de montañeros y no menos profanos de la cuestión, se acercan a su pie probando suerte. La situación llega a extremos lamentables, convirtiendo la montaña en un escenario para “reality show” o en un lugar donde se cuentan los “récords”. En el primer de los casos quiero referirme a un deplorable programa que realizó la televisión pública de mi país, TV3, que consistía en hacer llegar jóvenes ajenos al montañismo a la cumbre, haciendo pasar el triste ascenso como una prueba de valentía, de fuerza y de convicción de los héroes televisionados. En el segundo de los casos destacan las carreras contrarreloj campo base – cumbre – campo base, ascensiones con invidentes, récord mundial de altura para un perro, descensos con mountain bike y el quimérico esfuerzo de un aragonés para demostrar que el hombre humano podía vivir más de 60 días seguidos a casi 7.000 metros.

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Sea como sea, el gigante de las Américas tiene la otra cara. Aquella que es austera, indestructible y que constituye el mayor precipicio de la cordillera: la pared sur. Allí se ha escrito el andinismo con mayúsculas, de una rigurosidad inhumana.  La vía francesa de 1954, tan magistralmente narrada por Lionel Terray en su libro “La conquista de lo Inútil”, fue el pistoletazo de salida. Más tarde el mesias del himalayismo, Reinhold Messner, endereza la linea francesa, concluyendo lo que con posteridad se conoce como la vía directa. Varias rutas surcan desde entonces la pared, pero ninguna de ellas llevan tan al extremo la audacia, la temeridad y la perfección del arte del alpinismo como las firmadas por el eslovenos Slave Sveticic: La Sun Line y la Ruleta Rusa. Los polacos, en el año 1987, tampoco se quedaron cortos con el pilar directo de la cumbre sur.

A medio camino entre la espectacular pared sur y la accesible vertiente oeste, por la que discurre la vía normal, encontramos la vertiente este, conocida como el glaciar de los polacos. Se trata de una vertiente glaciar de una inclinación moderada y constante, donde la escalada nunca llega a ser rigurosa pero que si que requiere una constante atención.

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En noviembre del 1992 un numeroso grupo de escaladores conversamos animadamente al lado del fuego. Estamos bajo las estrellas en medio de prados rociados donde la escarcha hará acto de presencia con el transcurso de las horas. En concreto nos hallamos en Vilanova de Meià, uno de los mejores escenarios para la escalada en roca de Catalunya y de Europa. Conversando con una amiga llamada Carmen me comenta su intención de ir al Aconcagua en invierno (verano en el hemisferio sur), ellos son el grupo más pequeño posible, — dos –, y desearían incrementar el número con un tercero o hasta un cuarto componente.

Bien –– respondo a Carmen tras solicitar el “veredicto visual” a mi pareja — Os acompaño, pero quiero subir por Polacos.

– Bueno, ya hablaremos …. Quedamos con Pere (el segundo miembro), y concretamos el tema.

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El primer encuentro en Barcelona entre los tres miembros del grupo no es emotivo, pero si correcto y cordial. Quizás desde buen principio mi carácter juvenil (cuento con 23 años de edad), contrasta con el tono más calmado de Carmen, (tal vez acorde con su menor experiencia como montañero ante los otros dos expedicionarios), a la vez que contrasta con el porte más serio y veterano de Pere que debe estar en una edad cercana a la ciquantena. No obstante me ratifico en mi empeño de incorporarme a cambio de subir al Aconcagua por el Glaciar de los Polacos, condición que es aceptada sin un entusiasmo excepcional pero que tampoco no genera ningún debate. Otro de los puntos claves de la reunión es la necesidad de encontrar un cuarto componente para cerrar las cordadas, tema en que todos estamos de acuerdo pero que, con el tiempo, no prosperó.

Respecto a la logística debo admitir que el viaje ya está organizado, por lo que me toca la cómoda condicionar de pagar y encontrarme todo hecho. Me hacen responsable del material necesario para la escalada (cuerda, tornillos de hielo, etc …) y concretamos las fechas. Yo tan solo tengo una par de semanas de vacaciones que, a lo sumo, puedo alargar tres días más con los fines de semana. Carmen y Pere tienen todo un mes. Cuando finalicen con el Aconcagua se dirigirán hacia el sur, a escalar algún volcán y llegar hasta la zona del Cerro Torre para realizar el magnífico trékking que transita a los pies de la fálica aguja de granito. El Cerro Torre es una de las montañas más increíbles y estéticas del mundo y solo el hecho de poderlo ver, ( si el horrible tiempo patagónico lo permite, claro ) es un placer para los sentidos. Siento cierta envidia de su plan de acción posterior, aunque soy consciente de que yo preferiría utilizar mi tiempo en otro tipo de proyectos si mi estancia en Argentina pudiese dilatarse.

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No obstante la principal duda que me plantea el viaje se debe, justamente, al corto periodo de vacaciones para subir la montaña. No por la ascensión en si, que es relativamente rápida (2 o 3 jornadas), ni por la lejanía del lugar, puesto que está bien comunicado, sino por el necesario periodo de aclimatación del cuerpo humano a una altura tan elevada como la del Aconcagua, que poco le falta para los 7.000 metros. A medida que recojo información de la zona, leo escritos en los que cuentan que el efecto de la altura se acentúa en los Andes Mendocinos en comparación al Himalaya, por su situación más alejada del ecuador. Las teorías que sustentan tal afirmación son subjetivas y de poco rigor científico (al menos las que llegan a mis manos), pero la posibilidad seudo-científica seudo-fantástica que sustenta tal afirmación, no hace más que ahondar mis dudas. ¿Serán suficientes tan pocos días para aclimatar? ¿Como se aclimatará mi cuerpo a la altura?. Y si mi metabolismo no reacciona rápidamente … ¿no tendré la sensación de malgastar el tiempo y el dinero, cuando este último, justamente, no me sobra? Sea como sea la duda tan solo se resuelve de una manera: sustituyèndola por la decisión. Entonces, con el tiempo, sabremos si herramos a atinamos con nuestra decisión, en caso contrario la duda se eterniza y persiste de manera cíclica.

Estamos a mediados de febrero de 1.993 y cruzo, por primera vez en mi vida, el “charco” que separa Europa de América. 13 horas de vuelo larguísimas, pero también llenas de ilusión, de entusiasmo, de la emotividad ante la posibilidad de abrir mi vida a nuevas experiencias. El primer contraste al llegar a Argentina, y en especial al aterrizar en Mendoza, es el clima veraniego. Horas antes salía de Barcelona en medio de un día plomizo con una brisa fría y desagradable, ahora estoy bajo un sol de justicia, en medio de avenidas verdísimas donde el aire es pesado y bochornoso.

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Mendoza, principal capital vinícola del hemisferio sur, se nos presenta como una ciudad limpia, espaciosa y ordenada. A los pies de los colosos de los Andes, los cuales están lo suficientemente lejos como para que no dar la sensación de opresión y están lo suficientemente cerca como para deleitarnos el paisaje. Nos sorprende una campaña gubernamental, recalcando la necesidad de tomar las medidas básicas de higiene. No en balde se han declarado brotes de cólera en la provincia de Salta, una de las regiones fronterizas con Brasil y más pobres del país. También encontramos una huelga en el sector de la restauración, son una peculiar forma de protesta que consiste en no servir parrilladas en los restaurantes, a todo aquel que no sea extranjero. Se ve que la deferencia hacia el turista es más importante que las reivindicaciones locales. Es innegable que ante este hecho tan loable y sacrificado en pos del extranjero, se esconde la fuerza indomable de los billetes verdes del imperio dólar. Tras una gran crisis económica el gobierno de la Argentina ha decidido establecer la pariedad monetaria entre la moneda nacional (peso) y el dólar estadounidense. Un difícil pulso que, en apariencia, debe traer estabilidad a una población que ha dejado de creer en el valor de una economía exageradamente inflacionista, donde los precios de un restaurante podían cambiar entre el momento de la estudiar la carta y momento de la expedición de la factura, o donde un pastel de aniversario podía llegar a representar un desembolso millonario. Sea como sea y a pesar de que un cambio tan radical forzosamente provoca problemas; en el país, — o mejor dicho, en la región –, se respira un aire de cierta riqueza y de prosperidad. Apreciación que se ve incrementada al holgazanear en las terrazitas de los bares y restaurantes mendocinos, tomando la deliciosa cerveza “Andes”, embotellada en envases de tres cuartos de litro de capacidad.

Mendoza invita a pasar unos días vagando sin mas pretensión que la de descansar, pero el calendario apremia y tan pronto como podemos partimos hacia la montaña. Nuestra última escala del trayecto sobre transportes públicos es Penitentes, un horrible complejo turístico en el que se localiza una estación de pistas de esquí alpino y que guarda una desagradable similitud con ciertas zonas de la montaña andorrana. Tanto en los Andes Mendocinos como en los Pirineos, la imagen de los telesillas fuera de funcionamiento colgando sobre verdes prados, puede resultar aún más insultante que la propia imagen de la estación en pleno apogeo de la época invernal, donde el desconcertante ajetreo de esquiadores pone a cada cosa y a cada uno en su lugar.

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La entrada al parque del Aconcagua la realizamos en un vehículo 4 x 4. Nos acompaña un yanqui que vuelve al puesto del valle para recoger a sus amigos. Él ha bajado pocos días antes que ellos, con la cumbre bajo sus pies. Está contento y la mueca de una inmensa sonrisa, que le va de oreja a oreja, parece habérsele quedado fija en medio de su cara. No puedo evitar se sentir cierta envidia y hacerme la pregunta sobre si será igual mi rostro dentro de quince día, o si, por contra, mis facciones serán duras, tristes y cansadas. Una u otra realidad tan solo depende de un punto: aquél que se halla a 6.962 metros por encima del nivel del mar y en el que convergen todas las líneas de la montaña más alta del continente americano.

Al final del trayecto por pista nos encontramos en la entrada del parque, donde debemos registrarnos y pagar el permiso de ascensión o de trekking, según proceda. Al fondo, con apenas alguna nube enganchada que, de tan pequeña, se confunde con los glaciares, observamos por primera vez el Aconcagua. A pesar de estar a más de 40 km de distancia la imagen que transmite impresiona. Es enorme!!

Sobre la procedencia del nombre de la montaña hay varias teorías, pero quizás la mas aceptada es la que defiende que el nombre actual genera de quechua AKON – KAHUAC, que significa “el centinela de piedra”

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El primer día de actividad a pie discurre entre la entrada al parque y el campamento de Confluencia. Este último lugar se encuentra ya ha 3.800 metros de altitud y es un punto estratégico donde se separan las dos valles que van a sendos campamentos bases del Aconcagua. El campamento de Plaza Mulas, en donde se encuentra la base de partida hacia la vía normal y hacia el Glaciar de Polacos, y el campamento de Plaza Francia, sito a los pies de la inmensa pared sur. Tan solo entrar en el parque nos da la bienvenida el Cerro Almacenes, que se encuentra a la derecha del camino. Se trata de una curiosa cumbre de … metros de altura, que presenta una formación de sedimentos muy llamativa, tal como si de un inmenso pastel de diferentes colores se tratase. Los guías del refugio de Penitentes, con los que pasamos la noche anterior, me hablaron de una fina goulotte de hielo, con columnas de hasta 90* de inclinación, que discurre encajonada por la vertiente opuesta a la que se puede ver desde el inicio del valle. A pesar de que no consigo verla y ni tan solo intuirla, me gusta imaginarme un bonito trazado blanco en medio de las capas sedimentadas. Sería un proyecto alternativo que nada tiene que ver con nuestros planes; Pero meditando sobre este tipo de ascensiones, me doy cuenta de que los recorridos olvidados a cumbre remotas están más de acorde con mi planteamiento de ver el alpinismo. Siento devoción por las montañas secundarias, por los lugares sin fama, sin reconocimiento, por las piedras humildes, por las montañas rudimentarias y despojadas de celebridad. Quizás estas montañas sean un reflejo de mi propio carácter, de mi propia manera de entender la vida y el alpinismo.

En el emplazamiento de confluencia se encuentra una carpa que sirve como lugar de estancia de un guarda del parque, punto de transmisión de radio, servicio de bebidas y comidas y espacio de comedor comunitario. Alrededor de la citada carpa hay buenos lugares para acampar. Esta primera noche descubrimos lo que será la tónica base en la zona: a partir del instante en que el sol se esconde bajo la linea del horizonte, la temperatura baja en picado. En cuestión de minutos los termómetros pierden más de 10 grados y nuestros cuerpos notan rápidamente el fuerte contraste. La reacción de todos es la misma: buscar rápidamente el plumón o la chaqueta térmica. Al atardecer, cuando estamos alrededor de la mesa, se plantea un momento crítico entre el grupo: Pere habla, Carmen calla y yo me enojo; su exposición, seca y firme, es la siguiente:

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– Pako, nuestro objetivo principal es la cumbre. Lo hemos estado hablando Carmen y yo y subiremos primero por la vía normal y luego, cuando estemos bien aclimatados, será la hora de plantearse la ruta de polacos.

– Como!!! Sabes que para mi no es posible plantearme ambos objetivos, no tengo opción a dos ascensiones en tan pocos días, más teniendo en cuenta el periodo previo de aclimatación y el periodo de descanso intermedio entre escalada y escalada.

– Bueno, nosotros dos vamos primero por la cumbre, si quieres espabílate y engánchate con alguien para subir por Polacos.

Me siento engañado, traicionado. Ni tan solo una disculpa. Pere no admite sus flaquezas, sus limitaciones. Toma la conducta del jefe de expedición encargado de tener una voluntad de hierro y que se ve en la obligación de hacerse el fuerte en pos de la buena salud de la expedición. El pobre ha leído demasiados relatos clásicos y se debate entre su imagen anquilosada, el mal sabor de anteriores expediciones, — cuyos objetivos sobrepasaron sus posibilidades –, y una mal disimulada antipatía hacia mi persona, mi juventud y mis ganas de devorar la montaña.

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Prefiero salir de la carpa para aliviar mi enfado. Si no estuviese tan lejos de casa daría media vuelta y les enviaría a freír espárragos. Ahora caigo en la cuenta de que ellos dos nunca han tenido la más mínima intención de escalar el glaciar de Polacos y que en la entrevista que tuvimos en Barcelona me dieron holgura a mis pretensiones con tal de incrementar el grupo. Ahora estoy solo, caminando por los campos de tierra y piedras cercanos a Confluencia. Hago balance, “intentaré encontrar algún compañero de cordada en Plaza Mulas, y si no, escalaré solo”, me digo en mi monólogo introspectivo. En la lejanía, en el que resulta el cuadrante opuesto al Aconcagua, se observa la pared sur del Cerro Tolosa. Cumbre de … m cuya vertiente glaciar es, según dicen, un reproducción reducida de la inmensa pared sur del propio Aconcagua. Sea como sea la cumbre es preciosa y misteriosa, le invade una inmensa tristeza al dejarse acariciar por lo últimos rayos del día de muere. Imperturbable, fría, mineral … su imagen me transfiere calma y tranquilidad, justo lo que más preciso en este momento. Contemplo la montaña sin moverme, hasta que la oscuridad dificulta la visión del camino de regreso a la tienda y el frío muerde mis piernas. Llego a la tienda con la noche tan cerrada como la boca de un lobo. Abro el interior y sin demasiadas contemplaciones hacia mis compañeros que ya duermen en el interior, extraigo mi saco de plumas y desaparezco sin decir nada. Prefiero hacer vivac a pocos metros para poder establecer ese diálogo único entre el montañero y el cosmos.  La conclusión es clara: Siéntete afortunado de estar en la otra punta del mundo entre titanes de tierra, piedra y hielo. Intenta que la convivencia, necesaria e impuesta a la vez, sea lo más liviana y agradable posible, puesto que del conflicto personal nadie saca provecho … y descansa, aprovecha el momento, aprovecha la vida. Observo los millones de estrellas del firmamento, hago y deshago lineas imaginarias, se mueven, se desvanece, en caleidoscopio está en marcha. Poco a poco los inalcanzables tintilleros desaparecen a decenas, a centenares, a millares … y se pierden en un sueño profundo y tranquilizador.

Al día siguiente ascendemos a Plaza Francia (4.500 m) y volvemos a descender a Confluencia. Resulta ser una excursión impresionante, puesto que gradualmente se descubre el abismo más grande de los Andes: la pared sur del Aconcagua; que empequeñece y oprime a todo aquel que se acerca a sus pies. Por mucho que uno camine la pared tan solo sabe crecer y da la sensación que nunca se llegará a la base de la misma. Un caos de paredes de roca y glaciares colgantes, adornados de azulados y descomunales seracs, configuran esta gran muralla que tan solo unos pocos osan escalar. Cerca del emplazamiento de Plaza Francia, que este año y por estas fechas está desierto, se pueden observar los restos del gran terremoto que tuvo su epicentro justo en este lugar, a finales de los años 80. Sobre los efectos del mismo existen tomas fotográficas, que se traducen en imágenes de descomunales aludes que se desprenden de los seracs de la pared. Millones de toneladas de hielo, roca y nieve que se precipitan alocadamente con un estruendo enloquecedor. La contemplación de las imágenes fotografiadas del terremoto y de los aludes, son tan elocuentes que parecen ir más allá de la muda fotografía y casi se podrá decir que transmiten los ecos lejanos del alud. Sea como sea, años mas tarde, las grietas en el suelo aún son bien visibles. La tierra gimió, se abrió, enseñó sus entrañas, y aún deberan pasar muchos lustros para cicatrizar las heridas.

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Una jornada más tarde llegamos por fin al que será nuestro campamento Base: Plaza Mulas. Antes atravesamos la inacabable “Playa Ancha”, un largo tramo horizontal de más de 10 kilómetros de longitud, donde continuamente se deben vadear lo meandros del rio Horcones Alto. El terreno arenoso simula ser una inmensa playa, eso si, sin mar, y de ancha … anchísima. Poco más arriba se encuentra el emplazamiento de un viejo refugio cuya construcción parecía ser fuerte y consistente, pero que en la actualidad se ha visto reducido a un amasijo de escombros y hierros retorcidos. Según los lugares “un alud se lo comió“, lo cual ayuda a hacerse una idea aproximada de la rigurosidad de los inviernos en la zona y el increíble contraste del terreno durante el verano, temporada en que las montañas presentan una aridez extrema. No en vano el Aconcagua es una montaña cada vez más visitada y transitada durante la época de bonanza, pero que cuenta con muy pocas ascensiones invernales. En realidad poco más de una decena de expediciones han coronado la cumbre en época invernal. La primera invernal al glaciar de Polacos corresponde a una expedición catalana del año 1.980 y dentro de la escueta historia de las escaladas a la cumbre durante la época fria, mención a parte merece la odisea inhumana de la que sobrevivió el alpinista español Fernando Ruiz Sanz, que realizó la segunda ascensión invernal y solitaria a la pared sur del Aconcagua (*1). Ruiz, que se encaró en la pared en el estilo alpino más puro y selecto, se vio envuelto en una dantesca tormenta que le sorprendió en la parte alta de la pared y tuvo que continuar escalando en condiciones imposibles. vientos huracanados (de casi 200 Km por hora) y temperaturas de – 40 *. Se le agotó la comida, el combustible y la bebida y realizó el descenso “in extremis” por la vía normal rebuscando el último soplo de energía en lo que se convirtió en una lucha encarnizada por sobrevivir. El precio que tuvo que pagar este excepcional escalador fue sin duda muy elevado y le apartó de las escaladas solitarias extremas: amputación de la mayoría de los dedos de la mano y de los pies.

Por suerte para los restantes mortales que nos aproximamos a la montaña con unas pretensiones substancialmente más humildes, el sol arde en lo alto de la cúpula celeste durante la época estival y los pasos realizados en las proximidades del refugio destrozado por los aludes invernales, se convierten en un agradable paseo.

Poco antes de llegar a Plaza Mulas la altitud y la falta de aclimatación hacen sus primeros actos de presencia. Los tres componentes del grupo llegamos cansados, con dolor de cabeza y carentes de apetito. Es curioso que el día anterior estuvimos a mayor altura pero no notamos tanto la falta de aclimatación. Casi con toda seguridad fue la falta de peso en la espalda la que marca la diferencia. Quizás este sea un apunte importante a tener en cuenta en las ascensiones a cumbres donde la alta altitud es un factor más que dificulta la ascensión: a menor peso mejor aclimatación. Sea como sea la tarde nos regala nuestra primera visión del magnífico espectáculo que representa el ocaso del astro rey proyectado sobre la vertiente noroeste del Aconcagua. Un sinfín de colores se dan cita sobre el laberíntico caos de órganos minerales de la vertiente. Aquí y allá miles de recodos, de lejanas paredes, de agujas anónimas, van cambiando de coloración a medida que el sol se escapa. Se dan cita todos los amarillos, todos los naranjas, todos los rosados, todos los violetas, todos los azules, todos los marrones, todos los grises, … y los diminutos montañeros que contemplan la escena quedan atónitos, incapaces de retener tanta belleza. Por un momento hasta el más insensible se queda inmóvil, con el alma paralizada, en simbiosis con el mundo mineral que lo rodea y que, por instantes, lo absorbe.

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Uno de los mayores atractivos del campamento Base de Plaza Mulas es el cercano campo de penitentes del Glaciar de Horcones Superior. Los penitentes son unas peculiares agujas de hielo cuya formación tan solo se puede entender como consecuencia de los radicales cambios térmicos que se producen al ocultarse el sol tras el horizonte. Son formaciones inexistentes en cordilleras como las Alpes, pero que en las zonas áridas de los Andes son hartamente comunes. El nombre de penitentes está muy acorde con su imagen, puesto que recuerdan una larga procesión de encapuchados en una procesión del Corpus Christi. Para el escalador glaciar constituye un magnífico campo de acción para escalar y hacer boulder en hielo. La gran mayoría de agujas tiene una altura suficiente para poder llegar a la parte superior sin la precaución de llevar cuerda ante una eventual caída. Las formaciones de hielo y técnicas de escalada que practicaremos para ascenderlas, son muy diferentes a las que habitualmente nos encontramos o utilizamos en corredores de nieve o en cascadas heladas. Aquí las formas nos recuerdan a escenarios rocosos: diedros, chimeneas, aristas. Casi cada día un grupo cosmopolita de jóvenes que hacemos vida en el Campamento Base, nos acercamos algún rato a escalar el sinfín de agujas blancas. Un sano ejercicio que ayuda a mejorar nuestra aclimatación. No obstante debe tenerse en cuenta que los penitentes, por muy divertidos que puedan parecer al escalador que quiera realizar boulder en el labio del glaciar, pueden representar una verdadera tortura para el montañero que desea ascender a una cumbre y se ve en la obligación de cruzar un extenso campo de alfileres helados. Varias son las ascensiones frustradas por dicho elemento, cuando casi nadie tiene en cuenta que un millar de dientes blancos pueden mellar la paciencia del más perseverante. Por suerte la ascensión al Aconcagua se ve despojada de dichos penitentes.

Al mi llegada a Plaza Mulas coincido con otros dos montañeros catalanes, Rodri y Xavi Moll. Ambos bajan con la cumbre bajo los pies. Me explican que el día de la ascensión el tiempo era tan apacible y la temperatura tan agradable, que se podía permanecer a casi siete mil metros con una forro polar y se podía encender una cerilla ante la falta total de viento. Unas condiciones sin duda excepcionales.

Sus caras transmiten la sonrisa generosa y hasta un poco tonta, recordándome el yanqui que nos acompañó a la entrada del parque. Es el que podríamos llamar “síndrome de la cumbre ascendida”.

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Con el transcurso de los días en la base de la montaña vuelvo a recuperar el ánimo y cada vez se me hace más amable la idea de ascender por la vía normal. No obstante aún no descarto la idea de ascender por el glaciar de Polacos, por lo que me dedico a tantear entre los habitantes del pequeño pueblo de tiendas de campaña que es Plaza Mulas. Tan solo encuentro a un brasileño solitario que pretende ascender la citada ruta. No obstante, a medida que voy conociéndolo, incrementa mi desconfianza. Ya es la tercera vez que está en la montaña y aún no ha hecho cumbre, su indumentaria y su equipo parecen ser más típicos del carnaval de Río de Janeiro que de un andinista dispuesto a escalar una vertiente glaciar. Y lo que más miedo me da es verle encender su destartalado hornillo de queroseno en el interior de su diminuta tienda. Cada vez que lo hace los que le observamos nos preguntamos si morirá por asfixia o incinerado. La verdad es que es un tipo muy pintoresco y bastante alocado; habla solo y tiene una cara de “impresionado”, como si el maquiavélico fogón ya le hubiese chamuscado en alguna ocasión. Yo no entiendo su portugués con acento brasileño y el aún comprende menos mi castellano con acento catalán. Sea como sea en los días sucesivos iremos coincidiendo en la parte baja de la montaña y una vez más él volverá a marchar a su casa sin la cumbre.

Plaza Mulas es un verdadero popurrí de habitantes de los lugares más dispares del mundo, aquí se mezclan lenguas, acentos, gente del norte, gente del sur, europeos, asiáticos, norte americanos, centro americanos y obviamente, sud americanos. Es normal que en un ambiente tan cosmopolita la primera pregunta que acostumbran a hacerte es: ¿De donde sois?. Pere no duda en respoder: “Español”. Yo hago alarde de mi catalanismo y respondo: “Soy catalán”. Pere rápidamente aclara que ser catalán y ser español es lo mismo, y yo me esfuerzo en arrebatar sus argumentos. Al final llego a la conclusión de que la mejor defensa es un buen ataque; Cuando nos preguntan de donde somos, yo respondo: “Yo soy catalán, ellos dos son españoles”. Carmen se ríe a pulmón abierto, Pere se retuerce por dentro. Sea como sea yo no voy poniendo etiquetas a terceros, motivo por el cual reivindico mi derecho a que ningún tercero me ponga a mi la etiqueta que él quiera; cada uno que esté conforme con su conformidad. No tengo nada en absoluto en contra de los vecinos castellanos o andaluces, es más, mi familia paterna proviene de Murcia, pero mi mentalidad social hace sentirme más cercano a un habitante de la Provenza o de Piamonte, que a un habitante de Madrid o de Sevilla; y reitero que no es una cuestión de sentimiento despectivo, ni mucho menos, es tan solo una cuestión de afinidad social o cultural. Es indudable que soy español, pero por imposición legal. Nunca he creído en los estados herederos de fronteras dibujadas a base de guerras y tratados de paz, donde un nacionalismo dominante ahoga y asfixia a los nacionalismos minoritarios. No en vano, y veinticinco años más tarde de su aprobación, en nuestro democrático estado español las fuerzas políticas que nos representan aún son incapaces de modificar ni una coma de la llamada “Carta Magna” o Constitución Española. Un texto que se pactó con la pretensión de servir como “café para todos”, por los representantes políticos de un pueblo oprimido por la dictadura más larga de la historia europea. (*). El artículo segundo de la Constitución, se mire como se mire, es escalofriante:  …….. Cuando el Lehendakari (Presidente o gobernante) del pueblo vasco proclama su intención de realizar un referéndum por la autodeterminación de una de las naciones que integran el “país plural” de España, el gobierno de Madrid modifica el código penal para poderlo meter en la cárcel. ¿No se está negando uno de los derechos humanos básicos, al impedir a una persona y a un pueblo entero el derecho de pronunciarse sobre cuales desean que sean las instituciones que le gobiernen?

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Las inquietudes nacionales, sociales y la política son uno de los temas principales en las tertulias que, espontáneamente, surgen entre los ocupantes de las tiendas – comedor tras la comida o la cena. Coincidiendo con la celebración de las olimpiadas en Barcelona en el año 1992, el gobierno catalán, bajo la presidencia del muy honorable Jordi Pujol (*3),  envió una campaña propagandística, a nivel internacional, y que se imprimió en los diarios de prensa con más tirada del planeta. El slogan para dar a conocer la nación catalana gozó de una gran aceptación y dio a conocer a muchos una realidad que ignoraban. La propaganda ocupaba dos planas enteras, en la primera de ellas salía un punto negro sobre el papel en blanco y en la parte alta de la hoja el texto de una pregunta: “¿Sabes donde está Barcelona?”. Pasaban la hoja y encontrabas la segunda plana, ahora con una mapa de Europa sobre el que se delimitaba Catalunya, y abajo el texto de la respuesta formulada en la plana anterior, texto que decía: “En Catalunya, por supuesto”. Las instituciones españolas reaccionaron rápidamente emitiendo una propaganda similar pero donde la pregunta era “¿Sabes donde está Catalunya?” y la respuesta era “En España, por supuesto“. Por muy rápida que fuese la reacción española, el propósito del gobierno de Jordi Pujol ya se había conseguido. Para millones de habitantes del planeta un nuevo lugar aparecía en el mapa mundi.

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Uno de los encuentros más curiosos tiene como protagonistas una pareja de mexicanos, con los que entablo conversación poco más tarde de su llegada a Plaza Mulas, en concreto en la carpa comunitaria que sirve de comedor. A todos nos sorprende su voraz apetito. Como norma general cuando un recién llegado come se alimenta por primera vez en el Base, a duras penas pasa más allá de la infusión y de algo sólido de tamaño irrisorio y de digestión ligera, los mexicanos se cocinan dos pedazos de carnes, unos huevos fritos, los rocían de picante y no dudan en concluir con el “digestivo” licor del tequila. Rápidamente se convierten en la atracción de la tienda comedor. Uno es pequeñito y delgado, el otro alto y grandullón, ambos tienen el típico bigote y las facetas que pocas dudas dejan de su origen.

En un momento preciso la conversación ronda alrededor de la posibilidades de México para realizar montaña.

En México tenemos de todo — me dice el pequeño, con el acento y la parsimonia en el habla, características de su tierra.

hay grandes volcanes, que tienen nieves perpetuas y que miden más de 5.000 metros, como aquel que es el más alto … este, ¿como se llama, compadre?. — le pregunta a su compañero –. ¿Sabes de que volcán te estoy hablando?

– ¿ De cual ? – le responde el grandullón.

De aquel que es el más alto.

Pues sí, ya se de cual me hablas.

Pues de ese, justo a ese me refiero. –– acaba informándome.

– …. !?

– También tenemos grandes paredes, como en el desfiladero del norte … este  ¿como se llama, compadre?. — le pregunta a su compañero –. ¿Sabes de que desfiladero te estoy hablando?

¿ De cual ? – le responde el grandullón.

– De aquel que es el más grande, en el norte.

– Pues sí, ya se de cual me hablas.

– Pues de ese, justo de ese me refiero. –– acaba informándome.

– …. !?

A (18)Y selva, tenemos buenos trekking por las selvas del sur, en especial la situada en la región de Chiapas ¿como se llama, compadre?. — le pregunta a su compañero –. ¿Sabes de selva te estoy hablando?

– ¿ De cual ? – le responde el grandullón.

De aquel que está en el sur.

– Pues sí, ya se de cual me hablas.

– Pues de ese, justo de ese me refiero. –– acaba informándome.

– …. !?

– Pues tomen tequila, y dejen el picante …haber si se les refresca la memoria — tengo ganas de responderles. Serán “boludos” los mexicanos, hasta pensar les resulta un esfuerzo.

Otras de las curiosidades del Base es el aislamiento al que se ven sometidos, al parecer por consenso entra ambas partes, los estadounidenses que aquí son más conocidos por gringos que por yanquis. Un conjunto de tiendas amarillas de la marca North Face forman su geto particular, del que apenas salen los ocupantes. En el ambiente se nota una especie de desprecio mutuo.  !! Menos mal que los palestinos y los israelíes no son amantes del montañismo ¡¡, sino seria aconsejable transitar por el campamento con el casco puesto.

Por último debe remarcarse la distracción de los guías locales en lo que resultaría ser la “marcha nocturna” de Plaza Mulas. Consiste en rociar de gasolina los pozos de las letrinas comunes, hacerlas arder e introducir bombonas de propano llenas dentro del agujero. La explosión parece la de una bomba, y los pobres inocentes que han conciliado el sueño se despiertan de repente, pensando que media montaña se viene abajo.

A (19)

La ascensión al Aconcagua por la vía normal se divide en varias secciones bien diferenciadas. La primera es el conocido “Acarreo”; se trata de una larga pendiente de pedregal inestable en la cual, con el paso de tiempo y de los montañeros, se ha dibujado un sinuoso y cómodo camino que lo recorre dibujando interminables zetas. El Acarreo concluye en un pequeño campo glaciar casi horizontal conocido como “Cambio de Pendiente”, que es el portal al inmenso collado de los Horcones, situado a 5.100 metros de altura, lugar en el que se acostumbra a emplazar el primer campamento. El cambio de pendiente es famoso por el bajón físico que acusan los montañeros cuya aclimatación aún es deficiente, según dicen los guías lugareños se trata de una zona cuya localización y características favorecen la existencia de un campo barométrico donde la presión disminuye; sea realidad o sea una farándula argentina, la cuestión es que cuando lo cruzo por primera vez el cansancio que había sabido esquivar durante el interminable Acarreo, hace acto de presencia sin previo aviso.

El collado de Horcones es de grandes proporciones y en el abundan las piedras de curiosas formas producto de la erosión del viento, a cuya protección suelen emplazarse las tiendas. Muy próximo al collado encontramos la bonachona cumbre del Cerro Manso la ascensión al cual no pasa de ser un agradable paseo. Al otro lado del collado se perfila la segunda sección de la ascensión al Aconcagua. Se trata de una ancha arista donde el camino continua dibujando atrevidos zig zags para ganar altura de manera atrevida. A tan solo unos centenares de metros más arriba, concretamente a … m, se encuentra la conocida como la “zona de refugios”. Tres pequeñas construcciones se agrupan en linea y reciben los variopintos nombres de Berlín, Prematura e Independencia. Todas las cabañas son de reducidas proporciones, tan solo una de ellas resulta adecuada como refugio seguro en caso de mal tiempo y la basura abunda por doquier. En realidad es una lástima la abundancia de detritus, los cuales, por el frío de la altura, la sequedad y la presencia de nieve y hielo durante la mayoría de meses del año, se conservan años y años. Uno de los problemas más graves de la zona de refugios es la posibilidad de encontrar nieve limpia en las proximidades. Aquí se acostumbra a emplazar el segundo campamento, a pesar de que en realidad se ha ganado poca altura en relación al primero. No obstante debe considerarse que estamos hablando del único lugar con espacio suficiente y que a la sazón presenta emplazamientos en los que podremos instalar las tiendas protegidas del viento. Más arriba el camino continua bien marcado y ganando altura de manera decidida. Justo en la mágica linea de los 6.007 metros encontramos un verdadero nido de águilas; el lugar conocido como piedras blancas. Es un pequeño rellano con unas vistas inauditas sobre el Cerro Tupungato y el Cerro Mercenario. La vista se pierde en la inmensidad, preludio del indescriptible paisaje que nos depara la propia cumbre. El emplazamiento es excepcional, solitario, con señorío. Por contra resulta desprotegido del vendaval, lo que hace impensable poder mantener el campamento instalado en caso de viento blanco. Una nueva serie de zig zags trepa por el ancho lomo para formar una especie de canalizo que desemboca una marcada brecha donde se emplazan las ruinas del último refugio: Su nombre “Libertad”, su altura 6.200 metros. Es un pequeño caparazón de madera pintado de naranja que no ha podido resistir las atroces condiciones meteorológicas que aveces pueblan estos lares.

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Aquí se inicia la tercera sección  del recorrido de ascensión a la cumbre por la vía normal. Se abandona la arista para emprender un largo flanqueo en diagonal ascendiente por debajo del marronoso Cerro Martínez y en dirección a la famosa “Canaleta”. Durante el largo flanqueo por la vertiente oeste se atraviesa el ridículo ventisquero de Schindler ???, único reducto de nieve en la parte alta de la itinerario en época veraniega. Pronto iniciamos la famosa canaleta. Se trata de una ancha canal de piedra inestable donde el camino no llega a dibujarse de manera clara por la propia inconsistencia del terreno. Cada ascencionista del Aconcagua tiene su propia visión de la temida canaleta. Cansina, larga, inestable, desagradable; es un trayecto que llega a mellar la fuerza de voluntad de unos cuantos que ven arruinados sus ansias de pisar la cumbre ante la perspectiva de finalizar el canalón pedregoso. Concluida la canaleta nos encontramos cerca del Collado del Guanaco, que separa las cumbres norte y sur. A pocos metros, ya a un tiro de piedra, la cumbre, con una vista inolvidable, lugar en que se emplaza la cruz más alta de la tierra.

Hoy en día todo el trayecto está muy bien trazado y en caso de visibilidad es imposible extraviarse. No obstante, el corazón del buen montañero se llenará de un gran respeto al pensar en los primeros ascensionistas de la cumbre. Se trataba de un grupo suizo comandados por Paul Güssfeld, y de la cual consiguiñó cumbre el carismático guía de Saas Fee, de nombre Mathias Zurbriggen: Estamos hablando del año 1897. Resulta increíble imaginar la ascensión de los interminales chancales del Acarreo sin tener el camino marcado; todo un esfuerzo digno de Sísifo.

Nosotros realizamos la aclimatación en la propia vía normal; lo cual considero que resulta una estúpida opción, puesto que comporta subir y bajar por la zona más aburrida del trayecto y que poco sirve como inspección previa de la ascensión, puesto que se trata de un camino excelentemente marcado. Estoy convencido que la mejor aclimatación es la que se puede realizar escalando cumbres de más de 5.000 metros próximas al propio campamento base, como el redondeado “Cerro Catedral”, el estético “Cerro Macho” o el glaciar “Cerro Horcones”. No obstante el autoproclamado “jefe de expedición” hace valuarte de su dilatada experiencia para marcas las directrices del “ataque” y yo, un poco por prudencia y un poco por evitar el incremento del malestar en el grupo, prefiero renunciar a mi plan de aclimatación. La aclimatación llevada a cabo consiste en un primer ascenso al Nido de Cóndores para depositar un depósito de comida, que después abandonamos, poniendo nuestro granito de arena en la progresiva transformación del Aconcagua hacia el vertedero más alto de las Américas. Más tarde, un primer intento para llegar a cumbre, se ve frustrado por el cambio de tiempo. Podemos comprobar la aparición de la famosa pluma, preludio de la venida del viento blanco.

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– Cuando la pluma se instala de gorro en la cumbre debes buscar refugio o descender, puesto que la transformación radical del tiempo es inminente. Nos han advertido los guías del lugar. De hecho la pluma consiste en una diminuta formación nubosa que se instala en la cumbre y que toma una forma alargada que asemeja a una pluma blanca de ave; de aquí su nombre. Por debajo, en el Acarreo o en Plaza Mulas, el tiempo puede ser modélico: buena visibilidad, cielo azul, un sol tórrido, caluroso y  un viento en calma. No obstante la aparición de la pluma nos indica que las condiciones en la cumbre ya son muy diferentes y que un vendaval frío y violento convoca un centro de bajas presiones. Las inclemencias meteorológicas ganan terreno por la propia montaña de manera gradual y en sentido descendiente, creando unas capas invisibles que en pocos momentos llenan el cielo de nubes y prestamente transforman la ligera brisa en violento vendaval. Parece increíble, pero es del todo cierto. Una hora, no más, transcurre entre la aparición de la pluma y el inicio de una intensa nevada acompañada de viento y niebla. Instalamos un campamento de emergencia en el llamado “Campamento Canadá”, único resalte horizontal en todo el trayecto del interminable Acarreo. Estamos a 4.800 metros de altura. Al día siguiente reemprendemos la marcha por la mañana que ha amanecido variable. Llegamos a Nido de Cóndores donde emplazamos un segundo campamento; Momento en que la tregua finalice. El cielo vuelve a encapotarse y a despedir copos de nieve entre turbulentas ráfagas de viento. Nido de Cóndores está bastante poblado y una advertencia va de tienda en tienda, de boca en boca: “Mañana llega el verdadero viento blanco, es mejor abandonar la montaña”. El tercer día nace con un tiempo que promete ser estable. No obstante el éxodo es masivo, la montaña queda desierta y todos los montañeros iniciamos el descenso a Plaza Mulas. Yo empiezo a temer lo peor … Los días pasan. “¿Y si resulta que es una falsa alarma? .. Quizás podríamos aguantar la tormenta en la zona de refugios y tan solo haría falta un día para llegar a cumbre tras el mal tiempo… Mis compañeros no comparten en ningún momento mis planes de resistencia numántica y el ver bajar a todo el mundo me desarma mi obstinación. “Uno se puede equivocar, la mayoría también, pero ¿Todos? …”

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El mal tiempo se aparece y se aposenta sobre la montaña durante tres días. Nieva con intensidad en el propio Campamento Base, y tras la borrasca todo el valle de Horcones está inmaculado y blanco hasta donde la vista se pierde pendiente abajo. La montaña del Aconcagua está blanquísima. Parece una novia gigante. Hasta los penitentes el glaciar están rebosantes de nieve, y el hielo bajo ella se ha vuelto quebradizo. Tras la obligada pauta por el mal tiempo nos podemos en marcha sin más demora. Cuento los días de los que dispongo y las cuentas resultan por poco: tengo tres días para ascender y uno para descender. El primer día volvemos a transitar por terreno que nos resulta familiar: El Acarreo. El anochecer en Nido de Cóndores nos deleita con unos colores violetas y fríos sobre un escenario indescriptible. Soy consciente de que disfruto de una de las mejores puestas de sol de mi vida. El segundo día ganamos altura y perspectivas y con ellas estrenamos nuevos paisajes. Pasamos la zona de refugios, donde algunos montañeros han llegado antes que nosotros y montamos el segundo campamento en Rocas Blancas. Somos los únicos que han emplazado la tienda en este lugar, y por tanto, somos los que nos encontramos a mayor altura en toda la montaña. Por primera vez estoy por encima de la línea de los 6.000 metros y disfruto de una buena aclimatación y de un buen estado físico. La cumbre parece cercana, pero no tenemos que olvidar que aún faltan casi un millar de metros de desnivel. Por la noche el frío hiere hasta dentro de la tienda. La cena es fugaz, tampoco no tenemos mucho apetito. Antes de que anochezca estamos estirados dentro de los sacos de dormir. Por la noche me cuesta dormir, creo que más por los nervios que por la altura. Recuerdo de un consejo que me dio un amigo que también se vio asaltado por el miedo la víspera de su escalada a la pared norte del Cervino. Así que,  temiendo ser descubierto por mis compañeros, procedo a masturbarme en busca de aliviar mi mente. Pensamientos eróticos y obscenos a 6.000 metros. No esta mal. Una dulce eyaculación me confirma que mi aclimatación es óptima. Me tranquilizo y me adormezco pensando en como debe ser hacer el amor a más de 6.000 metros. También me pregunto que pareja debe ostentar el récord de haber practicado sexo a mayor altura. “Eso si que es un récord ... “, pienso para mis adentros “… y no ir corriendo en busca de reducir la marca horaria”.

Pocas horas más tarde el maldito despertador nos interrumpe los respectivos sueños. Aún es noche cerrada y el frío es más intenso que en la víspera. Fuera el termómetro marca – 25 * C. Bebemos te en abundancia antes de salir del caparazón de la tienda. Una vez fuera nuestros esfuerzos se concentran en mantener calientes las manos y los pies. Caminamos a un ritmo muy lento, extremadamente lento. Poco más tarde el inicio del nuevo día nos deleita con uno de los mayores espectáculos que nos ofrece la naturaleza: La inmensa sombra piramidal del Aconcagua extendiéndose sobre un inmenso mar de montañas y extendiéndose quilómetros y quilómetros en proyección hacia el lejano océano Pacífico. A las diez de la mañana, con el sol ya alto, llegamos a la brecha en el que se sitúan los restos de la cabaña de Libertad, a 6.200 metros. ¡Hemos estado cuatro horas para subir doscientos metros de desnivel!!! Siguiendo este ritmo no llegaremos a la cumbre hoy. Al llegar a este punto Carmen me confiesa que se ha orinado encima y que quiere bajar a la tienda para limpiarse. Pere se queja del frío en los pies y también anuncia su intención de claudicar. Yo en ningún momento dudo en continuar. Me siento en perfecto estado físico y ya no puedo estirar más días a mi periodo de estancia en la montaña.

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Cuando anuncio mi determinación de seguir solo, Pere intenta persuadirme de manera obstinada. Tomo ya mochila y emprendo veloz el ascenso; empiezo a estar harto de tantos sermones. Pronto pierdo de vista a mis compañeros. Mi ritmo de ascensión gana velocidad. Estoy completamente solo en la parte alta de la montaña, no veo ni a un alma. Me sorprende con que facilidad mi paso resulta rápido y ligero. Si no fuese porque al mirar hacia el valle diviso las cumbres del Cerro Catedral y Cerro Horcones, reducidas a diminutas cúpulas nevadas situadas a mucho metros por debajo de mi, pensaría que estoy ascendiendo una cumbre del Pirineo Oriental. Cuando llego a la Canaleta me sorprende que la nieve de los últimos días cubre buena parte del terreno, y al estar helada ha compactado las piedras por lo que el suelo es firme y estable. Gano con inesperada velocidad la tan temida Canaleta y poco antes del mediodía estoy en la cumbre. La euforia del momento no puede ser compartida con nadie. Me encuentro completamente solo en la cumbre más alta de América y mi ego se alimenta y complace de una soledad retomada. Por unos instantes recuerdo un lejano atardecer de invierno que me sorprendió también solo en la cúpula helada del Monte Perdido, tercera cumbre en altura de mis queridos Pirineos, el sol que huía encendió de naranja la nieve que resplandecía a mis pies; el reflejo fluorescente se proyectaba sobre mi cuerpo, y disfrute de unos instantes tan mágicos como irrepetibles. Hoy el sol esta bien alto, la soledad también es mi compañera y el paisaje que se abre a mis pies es el mayor escenario que han visto mis ojos. la cúpula celeste está despojada de nubes amenazantes, tan solo algún residuo enganchado en las cumbres inferiores. La visibilidad es inmejorable. El leve viento que sopla no pasa de considerarse como una brisa; eso si, helada. A pesar del radiante sol, la temperatura continúa a varios grados bajo cero y se nota cada vez que me quito las manoplas para manipular la cámara de fotos

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Mientras más alta es la montaña ascendida, más quilómetros a la redonda podremos deslumbrar desde la cumbre. ¿Como debe ser la vista panorámica desde el Everest? … Quien sabe, quizás algún día.

Nadie más, solo yo y la inmensa soledad de la cumbre. Tras poco más de una hora empiezo el desciendo. Con paso fugaz pierdo metros por la canaleta, en la parte baja me encuentro una caravana de montañeros, los únicos que harán cumbre el mismo día que yo, y entre los que se encuentra un ministro del gobierno argentino. Poco más abajo de  Independencia encuentro a mis compañeros que suben nuevamente a la brecha, pero esta vez cargados con la tienda y con la intención de pasar noche a mayor altura y reducir el desnivel a ganar en la jornada siguiente. Me despido de ellos de manera simple y poco ceremoniosa. Pere parece evitar el mirarme a la cara. Debo tener incrustada la misma sonrosa de tonto que el yanqui que nos acompañó a la entrada del parque o que los catalanes que saludamos a nuestra llegada al campamento base.

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Cuando llego a las Piedras Blancas recojo mi material particular y continuo sin más demora una alocada bajada. En menos de cuatro horas desciendo de la cumbre al base, y eso teniendo en cuenta que me detengo casi media hora a tomar un te en Nido de Cóndores. Al llegar a Plaza Mulas me tomo dos cervezas y automáticamente me encuentro en un entusiasmado estado de embriaguez. Con la euforia del momento hago planes para el día siguiente. En vez  de holgazanear en el base aprovecharé el día que me queda para ascendet la ruta directa al Cerro Cuerno. Concreto la salida con Daniel, un guía local cuyas cualidades de escalador se vieron demostradas con creces durantes las sesiones de boulder en hielo de los penitentes. Cuando me escondo en el saco empiezo a notar un extraño cosquilleo en el dedo gordo del pie derecho. Pocas horas más tarde, cuando Daniel me despierta, el cosquilleo se ha convertido en un punzante dolor. Esta claro que hoy no intentaré el Cerro Cuerno si no que bastante esfuerzo deberé soportar para realizar pequeños paseos por el Campamento. Tengo el dedo hinchado y la uña morada. Es el precio de haber bajado corriendo poco un desposeído el Gran Acarreo, a grandes zancadas y con las botas plásticas como calzado. Maldita juventud!!!.

Al día siguiente desciendo a Penitentes con dos recientes amistades que he entablado con dos españoles de la Sierra de Candelario. Uno castellano leonés al vivir en la vertiente norte, el otro extremeño al vivir en la vertiente sur. El primero es de mentalidad castiza cerrada y profunda, no comprende como alguien puede renegar de sentirse español y tampoco entiende cuales pueden ser los motivos impuros que lleven a un ciudadano a no cumplir con el sacro deber de realizar el servicio militar; el segundo, un poco más joven, parece comprender las inquietudes nacionales de las comunidades minoritarias del estado español y ha optado por la sustitución social para suplir la aborrecible obligación legal de servir a su país a base de perder un año de tu vida sirviendo a la parafernaria militar. El primero ha llegado a la cumbre un día después que yo y ya sueña con la llegada triunfal a su puedo, donde será recibido con varios actos y honores. El segundo decidió abandonar a poco mas arriba de la zona de campamentos, pero por lo que destilan sus palabras, sus vivencias han sido más ricas y nutridas que las del héroe nacional que tiene como compañero de viaje. la bajada la realizamos íntegramente a pie, más de 45 km. desde el base hasta Penitentes. Es la última prueba que le faltaba a mi dolorida uña. Un día más tarde ni tan solo puedo ponerme las bambas. Suerte que las cervezas “Andes” saben mejor que nunca, en las nocturnas terrazas de la veraniega Mendoza. En mi vuelta solitaria a Barcelona, durante el largo viaje en avión, contemplo con cierta satisfacción sádica la cara de horror y angustia que pone la pasajero que le ha tocado sentarse a mi vera, cada vez que contempla mi pie desnudo, el dedo gordo inflado y morado, y la uña negra supurando pus.  Lo que peor me sabe es que no podré aprovechar el mes de marzo para realizar corredores en mi querido Pirineo.

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(*1) – La primera ascensión invernal solitaria a la pared sur fue realizada por el japonés Hasegawa en el agosto de 1.981, el nipón contaba con el auxilio de un numeroso equipo técnico de soporte en Plaza Francia. Ruiz contaba con la compañía de un único compañero que desistió de la escalada durante el primer día y abandonó la montaña. Ruiz se vio envuelto de la soledad más absoluta y sin ningún tipo de apoyo exterior.

(*2) – Dictadores europeos: Solo tres dictadores europeas han muerto gobernando: Stalin, Franco y Tito.

(*3) – En contraposición al gobierno español que ostenta la dictadura más larga de la historia europea, nos encontramos con el gobierno catalán que ostenta el cargo electo democráticamente más prolongado de la historia mundial, se trata de Jordi Pujol que fue President de la Generalitat. El segundo del ranking sería el canciller alemán Hermun Kold. Este “récord” puede representar todo un orgullo para el pueblo catalán, si bien, personalmente, debo aclarar que no se consiguió gracias a mis votos. Por desgracia la sacra de la corrupción también ha destruido toda la “honorabilidad” del conocido popularmente como el Gran Pitufo catalán.

Autor: PAKO CRESTAS – Síguenos en instagram @pakocrestas #viatgesmonpetit

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