EL PIRINEISMO Y SUS FRONTERAS

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En busca de un  sueño …

Recuerdo haber visto en el escaparate de la antigua tienda de Barrabés del pueblo de Benasque, un libro con tapas dobladas y quemadas por un exceso de exposición a la luz solar. El citado libro se llamaba “Mis Pirineos”. En la portada se podía ver una foto de las impresionantes Agujas de Ansabere, envueltas de amenazantes nubes grises. A pesar de que los tonos de la fotografía estaban apagados y gastados como el resto del libro, me quedé hipnotizado con la imagen de la portada y con el título sugestivo y un tanto vanidoso … “mis Pirineos” … ¿como alguien puede ser tan vanaglorioso de creerse con la propiedad, aunque sea espiritual o emocional, de una cordillera tan inmensa como los Pirineos?.

File1647Por entonces mi economía personal era exageradamente escueta y mi creciente afición por los libros me había comportado algún exceso inoportuno al que le seguía un periodo de carencias tales, que me impedían compra el billete de autobús para ir al monte. Por tal motivo decidí no entrar a la tienda para echar una ojeada al libro. Quizás fuese el último volumen que tenían, quizás aquel ejemplar doblado y requemado por el sol sufriría una devaluación a la hora de adquirirlo gracias a su lamentable estado de conservación. Fuera como fuera preferí no tenerlo en mis manos. Sabía que si lo tocaba sucumbiría a la tentación, que miraría de regatear como un gitano para poder adquirir aquel libro que ni tan solo sabía de su contenido. Me comería la dignidad y el orgullo para poder poseer aquellas hojas impresas que se escondían tras la llamativa foto del navío pétreo de Ansabere. No recuerdo quien era el autor, si era catalán, aragonés o vasco, y también ignoro si su contenido estaba vinculado al mundo del excursionismo, del montañismo o del alpinismo. Solo sé que me pareció un tanto presuntuoso el título … pero !!! que título tan mágico ¡¡¡ Pedante pero mágico. Aparté la mirada del escaparate y alcé la vista hacia las montañas a las que me dirigía y que sobresalían por encima de los tejados de las casas. Las observaba con mis ojos de aprendiz, con mis ansias de saber, y me pregunté en voz baja cuando llegaría a tener la sensación de mirar aquellas cumbres y poderlas llamar, también yo, desde la una presuntuosa mezcla de mediocridad y arrogancia, “mis Pirineos”.

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Han pasado más de treinta años desde el encuentro fugaz con aquel misterioso libro. Nunca más volví a verlo en ningún escaparate, en ninguna librería o en manos de algún conocido. Debo admitir que tampoco me he esforzado excesivamente en buscarlo. Creo que debería tratarse de alguna auto-edición, un esfuerzo valiente y a lo mejor un tanto yermo, de un montañero casi anónimo que deseaba dejar como legado su amor escrito por unas montañas. Aquellas montañas a las que, de tanto quererlas, había llegado a considerarlas de propiedad. Con la perspectiva del tiempo he sabido dislumbrar una segunda interpretación en aquel sentido de propiedad, quizás porque yo he madurado el mío, — mi propio sentido de propiedad — a base de escaladas, aproximaciones, descensos, vivacs y amaneceres. Se trata de un sentido de propiedad mutuo, recíproco y a la vez invertido. Nunca las montañas pertenecen a una persona, es nuestro romanticismo el que nos hace sentirnos un tanto poseídos por ellas.

img522El montañero siempre debe estar dispuesto a aprender de las montaña. Labra su personalidad y sus aspiraciones, y depura, con el tiempo, su danzar por las mismas. Sus objetivos se convierten más específicos, más concretos y se someten a unas reglas propias e invisibles, cada vez más marcadas.

Se podría entender por “pirineismo” la traducción del doctrina del “alpinismo” a las dimensiones propias de la cordillera pirenaica. Es una actividad que podría abarcar diferentes doctrinas pero que, por su extensión a la palabra “Alpinismo” debe ser considerada como la parcela exclusiva y excluyente de todo aquel montañero que se acerca a las montañas pirenaicas con el ansia de escalar sus paredes en el estilo clásico. Ese estilo y aquella mentalidad que constituye la quintaesencia del alpinismo. Un montañero que asciende a una plácida cumbre de tresmil metros no está practicando “pirineismo”, un excursionista que está enlazando diferentes etapas del G.R. pirenaico no está practicando “pirineismo”. El escalador que fuerzas sus dedos en escuelas equipadas o que rasca la roca con los piolets en pequeñas paredes preparadas para el “dry-tolling” no está practicando “pirineismo”. El “alpinismo” como actividad, lleva intrínseco factores como la dificultad, la envergadura y el compromiso. El “pirineismo” por extensión, debería entenderse única y exclusivamente bajo estas pautas hechas para unos pocos. Se que estas apreciaciones serán del desagrado de muchos, pero en los tiempos que discurren en la actualidad, aquel que asciende al Mont Blanc por cualquiera de sus vías normales no puede jactarse de ser alpinista, ni aquel que sube a un ochomil por su ruta normal siguiendo los trazos de sus precedentes y la larga telaraña de cuerdas fijas, no puede presumir de estar practicando el himalayismo. Falta la base del espíritu alpino: dificultad y compromiso. La dificultad implica escalada, verticalidad, utilizar las manos, los pies, los brazos, notar la llamada del vacío y el vértigo silenciosos de la verticalidad. El compromiso conlleva  sentirse más allá de la superficie de la montaña, es sentirse en las entrañas de las mismas, perdido, olvidado, lejos de cualquier auxilio inmediato, lejos de la vigilancia de otros equipos. El montañero nada por la superficie de la montaña, el excursionista, a veces, tan solo se contenta con mirarla, el alpinista y el pirineista se empapa de ella, y en ocasiones hasta se ahoga en sus profundidades.

Dr crestas (158)

En este blog quiero entregaros el resumen de los que han sido mis Pirineos. He escalado multitud de vías, algunas clásicas indiscutibles y otras vías desconocidas que, indiscutiblemente deberían ser clásicas. Pero aquello que me da el vanidoso sentido de propiedad son aquellas vías que han sido labradas por mis brazos, pintadas por mis manos, diseñadas con mis ojos y redactadas con mi corazón. Se tratan de aquellas vías que deben su existencia a mi persona y a los tantos compañeros que me han acompañado en las aperturas. Algunas las he realizado con un mano a mano a la hora de abrir los largos de escalada como primero de cordada; en algunas he llevado la batuta de la orquesta y en otras he gozado de la compañía de aquel que siempre será más diestro en el arte de la escalada, haciendo valida la cita de que a quien buen árbol se acerca, buena sombra le cobija. En ocasiones muy contadas no he tenido a nadie al otro extremo de la cuerda, o simplemente, ni la propia cuerda llegaba a hacerme compañía.

Quiero huir de la narración de la escalada en si, y al falso y vacuo estilo de “por allí llegamos, por allí fuimos, que buenos y bonitos somos”, aborrezco la historia fácil, repetitiva, falsa, cíclica. Aborrezco la poesía barata que aquel que salta de flor en flor con la guitarra y el pañuelo de “boy-scoutt”. Tan solo quiero transmitir un pinceladas puntuales de mi legado, de mis Pirineos, de mis cuadros de pintor, de mis ensayos como escritor, del falso cantante, del soñador de poeta. Deseo transmitir el cinismo de aquel que se sabe parte de la marea de la sociedad, pero que se resigna a diluirse en la misma. El cinismo de aquel que reivindica su derecho a sentirse diferente, sin pretender dar raquíticas lecciones de moralidad y que tampoco quiere erguirme como un bastión solitario y encallado en mi propio tiempo. No pretendo sentirme sabio de cabeza cana ni ser como un faro anclado en una peña condenado a resistir los arrebatos del mar. Solo pretendo reivindicar mi manera de ver la montaña como un reducto del quehacer cotidiano hacia un romanticismo, hacia el entender la vida bajo el prisma de la autosatisfacción. Toda una quimera en estos tiempos de la sociedad de bienestar, en la que se nos ha acostumbrado a engañarnos, a ser normales y felices. Mis recuerdos, mis reflexiones, mi egocentrismo, mi vanidad … son mi defensa, mi fortaleza invisible, mi propia revolución, mi medicina contra tanta normalidad y tanta felicidad prefabricada.

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Durante unos años críticos de nuestra vida, en aquel periodo de tiempo conocido como adolescencia, todo el mundo pasa una crisis existencial fruto del descubrimiento súbito de nuestra necesidad de personalizarnos. Dejamos el umbral de la infancia, donde todo es tan real como fantástico, y donde los padres son el  verdadero tótem bajo el que se guarda la piedra de la seguridad y la sabiduría. Por desgracia, (o por suerte según como se mire), este periodo concluye pronto y la tendencia del joven individuo es alinearse mentalmente con su semejantes. Es cuando la necesidad de divertirse nos viene solucionada con las fiestas, las discotecas, los espectáculos colectivos, las drogas, el alcohol y como no … la única diversión específicamente animal: el sexo.

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Así pues la gran mayoría de la adolescencia acaba sucumbiendo a merced de unos cánones magnos y poderosos, pasando velozmente a una juventud en la que, — a velocidad galopante –, nos embargan las obligaciones, el consumo y la necesidad de ganar dinero para gastarlo. Sin darnos cuentas pasamos de intentar labrar nuestra propia personalidad a divertirnos como todo el mundo y, poco más tarde, a entrar en la espiral de la maravillosa vida del bienestar, con los ingredientes fundamentales de la pareja, el coche y la casa. Prestamente la diversión prefabricada se ve suplida por un alto sentido de la responsabilidad, por la necesidad de trabajar, ser dirigente y atender a nuestras obligaciones. Ante tanta presión cotidiana, las evasiones también están programadas, no hay que alarmarse. Ayer me preguntaba quien era, quería revolucionar el mundo, no comprendía la ignorancia ni la apatía de las generaciones que me precedían. Se tenia que probar todo aquello que implicaba un descubrimiento … hoy anhelo finalizar mis obligaciones laborales para “desconectar” de ellas; tomar un cerveza, criar barriga en el sillón y ver por la caja tonta como cinco personas gritan a la vez y se insultan, o como veintidós individuos con bambas y pantalones cortos dan patadas a un trozo de cuero llamado “balón”. Ante tanta velocidad, tanto vértigo y tanto vacío me asaltan de nuevo las nausias existenciales, prefiero meterme los dedos dentro de la boca, hundirlos hasta la laringe y vomitar. Solo soy un  superviviente a mi tiempo. Mis vías de escalada son parte de mis sueños, de mi lucha. Aquí están , quizás la consideréis mediocres, quizás las consideréis magníficas, igual no llegueis a entenderlas … en el fondo me da igual. Hay están, respondiendo a mi manera de entender la montaña como extensión a mi manera de entender la vida. Son como los pequeños guijarros del camino. Hay están, sí …. son mi humilde atribución a que el Pirineo sea un poco más terreno para “pirineistas”, más Pirineos,  más  “Mis Pirineos”

B (6)

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2 comentarios

Archivado bajo 4MILES

2 Respuestas a “EL PIRINEISMO Y SUS FRONTERAS

  1. Rimayefatale

    “Mis Pirineos”, de Daniel Bidaurreta Olza. Un gran pirineista nada “anónimo”, y aunque los títulos y honores y medallas nunca me han impresionado personalmente, un pirineista; Daniel, profesor de la ENAM, director de la sección navarra del GAME, miembro del extinto Comité de Expediciones de la FEM.
    Libro no autoeditado, sí editado por el desaparecido y excepcional servicio de publicaciones del Club Deportivo Navarra.
    Texto nada, absolutamente nada “vanagloriante”. Sí de una sencilla pero bella poesía. Un canto y un homenaje a las montañas.
    “Mis Pirineos”; un título que, asumir que por usar el posesivo, habla de posesiones, es cuando menos pueril.

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