Archivo mensual: marzo 2019

MANASLU, 8.156 m – INFORMACIÓN BÁSICA

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En otoño del 2020 tenemos prevista una expedición abierta a la montaña del MANASLU como agencia de viajes “Mon Petit”. Empezamos aquí una serie de entradas en el blog relacionadas con esta codiciada cumbre que cuenta con el privilegio de ser una de las 14 montañas de más de 8mil metros de altura que existen en el planeta. EXPEDICIÓN ABIERTA. Más info en:
https://www.catalonia-trekking.com/viajes-mon-petit/manaslu-oto%C3%B1o-2020/

Manaslu (Nepalí: मनास्लु), también conocido como Kutang) es la octava montaña más alta del mundo y está situada en el macizo Mansiri Himal, parte del Himalaya en la zona centroccidental de Nepal. Su nombre, que significa “Montaña de los Espíritus”, proviene de la acepción del sánscrito Manasa, cuyo significado es “intelecto” o “alma”.

El Manaslu, con 8.156 m. sobre el nivel del mar, es la montaña más alta del Distrito Lamjung y está situada a unos 70 kilómetros al este del Annapurna. Sus largas aristas y valles glaciares ofrecen aproximaciones accesibles desde todas las direcciones y culmina en un pico que corona abruptamente el paisaje circundante, creando una silueta muy prominente vista desde la lejanía.

La región del Manaslu ofrece una gran variedad de opciones de trekking. La ruta más popular de acercamiento, de 177 kilómetros de longitud, rodea el macizo del Manaslu en el camino hacia el Annapurna. El gobierno nepalí sólo permitió circular por esta ruta de senderismo desde 1991. La ruta sigue un antiguo camino de comercio de sal que discurre a lo largo del río Budhi Gandaki. A lo largo de la ruta, 10 picos de más de 6.500 m. de altitud coronan el paisaje, incluyendo algún otro por encima de los 7.000. El punto más alto de este camino se alcanza en el collado Larkya La con una elevación de 5.106 metros. En mayo de 2008, la montaña había sido ascendida en 297 ocasiones, con un total de 53 accidentes mortales.

El Parque Nacional del Manaslu ha sido fundado con el objetivo primordial de conservar y obtener un desarrollo sostenible en el área que lo delimita, que incluye el macizo y el pico que lleva su nombre.

El Manaslu es conocido en tibetano como “Kutan l”, siendo “tang” el término tibetano que designa una meseta elevada o altiplano.

Algunos picos importantes que rodean al Manaslu incluyen el Ngadi Chuli, Himalchuli y Baudha. Un collado conocido como Larkya La, al norte, con una elevación de 5.106 metros. La cima está limitada al este por el Ganesh Himal y el desfiladero del río Buri Gandaki, al oeste por las grietas profundas de Marysyangdi Khola, con su serie de colinas en dirección al Annapurna y al sur, a una distancia aérea de 48 kilómetros hasta la cumbre, se encuentra la ciudad de Gorkha.

En 1950, H.W. Tilman fue el primer europeo en liderar una expedición a la cordillera del Annapurna con un pequeño grupo de cinco compatriotas. Caminaron a pie desde el valle de Katmandú (seis días de caminata), y usaron Manang como su campamento base para empezar a explorar las sierras, picos y valles del macizo de Annapurna. Durante esta exploración, mientras hacían un reconocimiento de las partes altas de Dudh Khola, vieron claramente el Manaslu desde Bumtang. Tres meses más tarde, después de su ascenso abortado del Annapurna IV, Tilman, acompañado por el Mayor J.O.M. Roberts, hizo una caminata al collado de Larkya La y desde allí vio el Manaslu y su meseta y llegó a la conclusión de que en esa dirección había una ruta directa a la cumbre, aunque no hicieron ningún intento de escalada.

Después de la visita de reconocimiento de Tilman, hubo cuatro expediciones japonesas entre 1950 y 1955 que exploraron la posibilidad de escalar el Manaslu por las caras norte y este.

En 1952, un grupo de reconocimiento japonés visitó la zona después de la temporada del monzón. Al año siguiente, 1953, un equipo de 15 escaladores liderados por Y. Mita, después de establecer el campamento base en Samagaon, intentó escalar por la vertiente este, pero no pudo llegar hasta la cumbre. En este primer intento por parte de un equipo japonés por acceder a la cumbre por la cara noreste, tres escaladores alcanzaron una altura de 7.750 metros, antes de regresar.

En 1954, un equipo japonés se acercó al Manaslu a través de la ruta Buri Gandaki, enfrentándose a un grupo hostil de aldeanos en el campamento Samagaon. Los aldeanos pensaron que las expediciones anteriores habían disgustado a los dioses, provocando avalanchas que destruyeron el monasterio Pung-Gyen y la muerte de 18 personas. Como resultado de esta hostilidad, el equipo japonés hizo una rápida retirada hasta Ganesh Himal.

Para apaciguar el rencor y resentimiento locales, se hizo una gran donación para reconstruir el monasterio. Sin embargo, este acto filantrópico no alivió la atmósfera de desconfianza y hostilidad hacia las expediciones japonesas. Incluso la expedición en 1956, que ascendió con éxito la montaña, se tuvo que enfrentar a esta situación de hostilidad y como resultado de la misma, la próxima expedición japonesa sólo se llevó a cabo mucho más tarde, en 1971.

Los escaladores Toshio Imanishi (Japón) y el sherpa Gyaltsen Norbu hicieron la primera ascensión al Manaslu el 9 de mayo de 1956. El equipo fue dirigido por Yuko Maki, también conocido como Aritsune Maki

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TOZAL DE ARAÑONERA (PICO OTAL). HISTORIAS Y CANTARES

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Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas

Todo pasa y todo queda

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar

(fragmentos del poema “Proverbios y cantares” de Antonio Machado)


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Al preparar la mochila de ataque a primera hora de la mañana, los dos lo tenemos muy claro: La previsión del tiempo no es excelente. No obstante una repisa herbosa ralla por la mitad el margen derecho de la pared, por lo que hemos pactado una retirada en caso de que veamos que el cielo se estropea o de que no nos da tiempo de terminar la vía en una jornada.

Siguiendo una especie de ritual, nos mostramos mutuamente sendas fundas de vivac, la manta isotérmica y la comida que, ha consciencia, abandonamos en la tienda. Por cada objeto desestimado uno dice al otro en voz alta: Si hoy no acabamos, “escaqueo”, a dormir a la tienda, y mañana será otro día. Y el otro asiente, de manera ceremoniosa, repitiendo parte de las palabras y moviendo la cabeza en  sentido afirmativo.

Al colgarme la mochila en la espalda compruebo que pesa menos que en otras ocasiones. Antonio ya ha marchado, y su figura se aleja entre las frías sombras que pueblan los pastos verdes del fondo del valle. Como telón de fondo, fría también al estar orientada de espaldas a los rayos matutinos, el perfil de la pared que deseamos escalar: Otra de las joyas vírgenes que guarda el Pirineo. En realidad casi todas las marchas de aproximación las iniciamos con la misma conducta. Es un  especie de ritual secreto. En un momento preciso a Antonio le asaltan las prisas y marcha, yo dejo que se aleje y caminamos cada uno por su propio camino, acompañados de nuestros pensamientos y nuestra soledad. Creo que, ante ciertas escaladas, este ejercicio de introspección es más que aconsejable y necesario. La armonía interior es la clave para afrontar debidamente estos paredes perdidas y olvidadas, donde nadie sabe que estamos, y donde nadie nos vendrá a auxiliar en caso de necesidad.

Más tarde, cuando la pared ya sea bien visible y ,seguramente, sobre una piedra bañada por el sol, sé que mi compañero me espera. Ambos ya hemos estudiado la pared durante la marcha y romperemos nuestro silencio forzado por la distancia, para empezar a debatir sobre la linea más lógica, evidente y bonita. ¿Es que quizás no sea ésta la esencia del alpinismo? ¿Crear la linea más fácil en la pared más difícil?. Hoy la perspectiva no es muy alentadora: La mitad inferior de la pared forma un frontón homogéneo sin chimeneas ni diedros marcados y donde el terreno es verdaderamente vertical. Yo tengo mis dudas de que la parte inferior no requiera un exceso de artificial, que le restaría elegancia a la vía e incrementaría su tiempo de ejecución. Antonio se muestra exaltado y me comenta su sensación de “tener el día”.

– Hoy “Crestas”, ya me puedes echarme lo que quieras que te lo escalo ….

Dicho y hecho: El segundo largo se muestra vertical, exigente, de roca mediocre, con varias lastras en equilibrio, en el que se combinan difíciles pasos en libre con tramos de Ao. Antonio sube lento pero constante, asegurándose siempre la jugada. El Alpinista veterano sabe que el valor y la prudencia deben consolidar un sólido matrimonio. No en vano es lo que le ha permitido poder escalar durante mucho años.

Expectante, fuera del alcance de la piedras, observo desde la reunión el avance del compañero. Antonio gusta de hablar mientras escala, es un dialogo entre él y la pared, su terapia:

– Halla pondré un pintón,…

– esta presa creo que no tiene buena pinta … Crestas!!!, Saca el pegamento “heraldite” !!!…

– Bueno .. para arriba que no pienso quedarme a dormir…

Yo en cambio acostumbro a cantar cuando el ejercicio de la escalada permite relajación, y cayo como una momia cuando requiere concentración.

Muchos de los escaladores gustan en hablar y hablar de sus “batallitas” en el Bar, ante otros escaladores. Hay otros que, — quizás por el exceso de “batallitas” a contar o porque saben que las experiencias tan solo sirven para la personas que las viven —, se vuelven celosos y precavidos en el habla. Los segundos miran a los primeros con una cierta parsimonia y con una eterna paciencia, y es durante la escalada cuando éstos muestran su prosa. El verdadero diálogo lo tienen con el medio agreste en el que se encuentran. Es entonces cuando en cada movimiento se nota el enorme peso de los momentos difíciles vividos, sus incontables “batallitas” a las que ya no puede bastar cuenta cierta. Os aseguro que “ver” “hablar” a uno de esos escaladores es una verdadera delicia. Hay un tercer grupo de escaladores, — la mayoría jóvenes –, que son aquellos que, ante su falta de experiencias, gustan de explicar “batallitas” de otros con la misma emoción que los protagonistas. Haciendo valuarte muestra de su enorme pobreza empírica. No obstante, la mayoría de ellos acostumbran a desaparecer de este mundo que no es el suyo, o simplemente pasan los años sumidos en un enfermizo vacío que la montaña tan solo ayuda a incrementar.

Poco más tarde del mediodía nos sorprende un repentino cambio de tiempo. Nos sentimos tan cerca de la cumbre!!! La posible cornisa de escape ha quedado bajo nuestros pies, y vista desde arriba comprobamos que tampoco no es tan cómoda como creímos al verla desde el pie de la pared. Cuando empieza a llover cada uno está en una reunión diferente. Antonio arriba y yo abajo. Saco la capelina y espero a que el violento chubasco amaine. Al cesar la lluvia, mi compañero informa de la existencia de una cueva en las cercanías de la reunión donde él está. Se ha refugiado en su interior durante el primer arrebato de la tormenta, motivo por el cual no ha respondido a mis llamadas intermitentes, ahogadas entre los truenos. Yo subo animado por la existencia de la cueva. No hemos visto ninguna en todo el trayecto, y justo cuando necesitamos refugiarnos encontramos una. Que suerte!!!. Al llegar a la reunión, completamente mojado y tras escalar un desagradable largo por roca empapada, me doy cuenta que Antonio,  a cualquier cosa, le llama cueva.

No te quejes, “Crestas”, que no estamos en Montrebei. Aquí no hay baumas de cinco estrellas.

El orificio es estrecho y completamente inclinado, con grava y piedra suelta en el suelo, y con una oscura y estrecha continuación que seguramente se pierde en las entrañas pétreas de la pared. El agua entra por la boca de la cueva y gotea por las paredes y el techo. Dejamos el material bajo nosotros y nos refugiamos tras las capelinas. Pronto la fría humedad satura el ambiente. El vapor sale de todas partes, del suelo, de las piedras con olor a fango putrefacto, de nuestros cuerpos sudorosos y empapados, del techo y las paredes, de las ráfagas de lluvia que el viento azota hacia la cueva. Y fuera los rayos, el ruido, la guerra, el azufre ….

Primero esperamos a que finalice la tormenta. No cesa, pero confiamos en tener aún tiempo de retirarnos. Más tarde un breve rayo de sol entre las nubes de tormenta nos avisa de la proximidad del ocaso. Pocos minutos después, y con las sombras comiéndose nuestro reducido mundo, sabemos que tendremos que esperar el nuevo día en nuestra precaria situación. En cierta manera ya lo sabíamos antes, pero en éstas ocasiones no sueles admitirlo hasta que la evidencia es aplastante. La tormenta vuelve, con sus centelleos incrementados por la negrura de la noche. Ya sabemos que las horas serán eternas … otra vez … y que nos haremos las preguntas de siempre … que soportaremos el sufrimiento de la mala postura … Y las gotas de agua caen de manera constante y lenta, como los eternos segundos de nos separan de la luz. Las quejas y los comentarios con tintes de bromas vienen y van … como el viento, como las nubes.

Antonio aprovecha la ocasión para confesarme que, definitivamente, no me acompañará al Eiger en septiembre. A medio horizonte entre los cuarenta y los cincuenta empieza a estar hastiado de tantas noches como ésta. Sus palabras son sabias. Es muy fácil hablar de grandes escaladas en la ciudad, acompañado de los amigos y de unas cervezas espumantes. Pero es ahora, en medio de la tormenta, refugiados como gusanos en una mierda de agujero, cuando se recapacita sobre éste complejo juego del alpinismo; donde los polos son el sacrificio y la satisfacción, y no existe un ecuador. También me habla de su llamada interior que le encamina a frecuentar menos este tipo de escaladas. Sé que Antonio va de vuelta, y con el zurrón a reventar de tesoros; Yo, en cambio, aún tengo la sensación de seguir yendo hacia algún lugar, empujado por la ilusión que siempre produce practicar el tipo de actividad que realmente me inspira en la eterna lucha de la vida. Es cierto que, para un maestro, mal discípulo es aquel que siempre es discípulo. Entre la lluvia, entre los destellos y entre las pocas palabras que intercambiamos, empiezo a imaginar, — con cierto temor e inerte en una extraña sensación agridulce donde se mezclan alegría y tristeza, — hacia donde irán mis pasos. Quiero completar mi búsqueda de paredes vírgenes pirenaicas en su faceta invernal. No se si estaré suficientemente capacitado para ello; si sabré encontrar las ganas, la fuerza y la compañía. Lo que si que sé es que Antonio no me acompañará.

Al alba se inicia un día frío, con el cielo no del todo despejado. No hace falta que esperemos las caricias del sol puesto que sus rayos no tocan la pared hasta pasado el cenit de la jornada, y, en cualquier caso, la existencia de nubes residuales da de prever que grises batallones privarán a la pared del sol de la tarde. Poco más arriba, en la cresta somital, vemos las agujas caldeadas por el astro rey. Que cerca y que lejos están ¡¡¡. Hemos aguantado toda la noche en el vivac porque creímos estar cerca de la cumbre, pero en realidad aún no lo estamos. Faltan varios largos, entre ellos el más difícil. Uno de aquellos obstáculos que no esperas, y que con el cansancio del día anterior, de la noche, la falta de agua y comida, sientan como una verdadera patada en el estómago.

Por la tarde, otra tormenta. Aún más presta a aparecer y más violenta que la de la jornada anterior. Dura toda la tarde y luego se funde con la noche hasta altas horas de la madrugada. Por suerte, nosotros ya estamos en la tienda. Cenados y acurrucados en los cálidos sacos de dormir. Sabemos del rugido de la tormenta y se nos dibuja una mueca de satisfacción y alivio en las caras. Como puede llegar a cambiar la situación bajo el diminuto caparazón de la tienda!!!.

Autor PAKO CRESTAS Síguenos en instagram @pakocrestas #viatgesmonpetit

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PIC DE COMA MITJANA, VIA TARAL.LIROTS

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Ya hacía años que tenía controlada lo que creo que era la última pared o vertiente virgen de la zona de Carançà, la cara Norte del Pic de Coma Mitjana.

Es una vertiente alejada, alejadísima y poco visible desde los otros valles y montañas. De hecho la propia pared queda enmarcada por una especie de arista que la oculta y el valle de acceso desde el norte es muy poco frecuentado. No se ve tampoco desde otras cumbres, a excepción de una imagen lateral y lejana que podemos ver al estar en lo alto del Pic de Prats de Bacivers. Pero hacer falta ser observador, ser “atrapa-vertientes”.

Hacía más de una década que le iba detrás, de hecho ya estuve en pie de pared en diciembre del 2005, pero en aquella ocasión llegamos muy tarde a pie de pared, el día demasiado corto ya olía a ocaso, a nocturnidad. También nos equivocamos en la aproximación, ya que la realicé caraneando por encima de la Serra de Coma Mitjana. DE hecho, en aquel momento, mi intención principal era sacar buenas fotos panorámicas de la cara norte del Pic de l’infern para la guía que por entonces estaba preparando.

Después de varios años comentando el tema con la boca pequeña a varios colegas de confianza, por fin llegó el día que me encaminé directamente a la cumbre con la intención de escalarla, pero mi compañero de ascensión no vio claro que tuviésemos suficiente tiempo para emprender la escalada y volver al coche en una hora prudencial, por lo que optamos por otra via a la vertientes oeste de Pic de Prats de Bacivers.

No me di por vencido. En estos años de mi vida paso muy poco tiempo en el país, siempre estoy viajando y las posibilidades que tengo de escaparme al Pirineo a escalar son muy contadas, por lo que miro de centrarme en proyectos muy concretos. Sabía que este invierno era extraordinariamente bueno y no tardé demasiado en volver de nuevo a traspasar valles y collados para situarme, esta vez sí, en el pie de la pared que deseaba escalar.

Y la realidad es que fue todo un regalo. La nieve en una condiciones excelentes nos permitió disfrutar de un primer largo muy bonito y estético. Sin duda de los mejores largos de alpinismo que he escalado en mis queridas montañas de Carançà. La ruta, dentro del estilo de pirineismo clásico del Pirineo Oriental, se mostró divertida y variada. Una de aquellas vías que te dejan llevar, donde el terreno es evidente pero a la vez sinuoso.

Un día de aquellos memorables para nosotros, aquellos que todo sale redondo. Una buena pateada, una bonita ascensión y algo que no todos los días se puede decir … volvimos a casa habiendo escalado la que con todas seguridad era la última pared virgen de la zona de Ulldeter – Carançà – Núria. ¿Qué más se le puede pedir a una jornada de escalada en hielo – nieve y mixto en nuestros queridos Pirineos?

FICHA TÉCNICA

Punto de partida: Refugio de Ulldeter, guardado, propiedad del CEC –
http://ulldeter.es/

Aproximación: es larga y tenemos que atravesar tres collados. Desde el refugio tomamos dirección oeste hasta el amplísimo Coll de la Marrana. Desde aquí flanqueamos a media pendiente de la vertiente SO del Puig de Bastiments para llegar al Coll de Coma Mitjana. Traspasamos el segundo collado hacia la vertiente orientada al norte. Descendemos por el valle por debajo de la zona donde se sitúa un pequeño lago para encontrar la pared a nuestra izquierda. Solo será visible cuando estemos por debajo de ella. Calcular unas 3 a 4 h.

Descenso: Continuar el cordal hacia el sur hasta una especie de collado por donde descendemos a la parte alta del valle realizando una diagonal descendiente hacia la izquierda. Nos situamos debajo de la vertiente norte del Pic de Freser y flanqueamos, ahora en ascenso, hacia la izquierda en dirección E.S.E. (hitos posiblemente tapados por la nieve) para llegar de nuevo al Coll de Coma Mitjana, donde ya coincidimos con nuestras huellas de la marcha de aproximación. Calcular unas 2 h 50 min para el regreso de la cumbre al punto de partida.

Época aconsejable: finales de diciembre a abril.

Nombre de la via: VIA TARAL.LIROTS

Primera ascensión: Sergi Quesada y Pako Crestas en febrero del 2019

Dificultad: 250 metros + 150 de arista fácil. Media de 50º – 55º, máxima de 65º y M3

Material útil: Friends y tascones. 3 pitones universales.

Observaciones: Divertida y variada via que realizar un recorrido muy natural en forma de media luna. En la via encontraremos un pitón en la R4 y un tascón en el tramo mixto del L4.

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DEBATE SEVEN SUMMITS DE OCEANIA. ¿PYRAMIDE CARSTENZ o MONTE WILHELM?

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¿Cuáles son los límites de Oceanía?

Ahora que estuvimos un grupo de amigos coronando el Aconcagua, y estando en nuestra mente (al menos de algunos de nosotros) ir por las Seven Summits, se nos planteó la controversia de cuál es la cumbre más alta, si la Pyramide Carstensz, de 4.880 m, en la zona de Indonesia, o si el monte Wilhelm, 4.510 m., en el estado de Papua Nueva Guinea. Hay cierta confusión, ya que la isla de Papua Nueva Guinea está dividida entre dos estados. Uno de ellos, el que tiene la montaña más alta, políticamente está considerado como un Estado Asiático, lo que le concedería el honor a la otra cumbre de la isla. Pero físicamente hablando toda la Isla de Papua Nueva Guinea, tanto la parte de Indonesia como la parte oriental, están dentro de la masa continental oceánica. O sea que Indonesia, un país considerado asiático, tiene parte de su territorio (donde se localiza la Pyramide Carstensz) en Oceanía.

Acompaño a este post diferentes imágenes y mapas:

1. El mapa político.

2. Imagen satelital.

3. Imagen Ortográfica.

4. Mapa geo cultural.

5. El mapa definitivo, donde se localizan las diferentes fallas de separación de las masas tectónicas.

Una vez consultadas diversas fuentes creo que la resolución es bastante clara. Lástima que no desbancar a la Pyramide de la colección de la Seven Summits, considera siendo un fuerte hándicap económico para aquellos que soñamos con coronar las preciadas seven summits.

Si quieres participar con nosotros en el proyecto Seven Summits, encontraras más info en: https://www.catalonia-trekking.com/seven-summits/

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EL PIRINEISMO Y SUS FRONTERAS

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En busca de un  sueño …

Recuerdo haber visto en el escaparate de la antigua tienda de Barrabés del pueblo de Benasque, un libro con tapas dobladas y quemadas por un exceso de exposición a la luz solar. El citado libro se llamaba “Mis Pirineos”. En la portada se podía ver una foto de las impresionantes Agujas de Ansabere, envueltas de amenazantes nubes grises. A pesar de que los tonos de la fotografía estaban apagados y gastados como el resto del libro, me quedé hipnotizado con la imagen de la portada y con el título sugestivo y un tanto vanidoso … “mis Pirineos” … ¿como alguien puede ser tan vanaglorioso de creerse con la propiedad, aunque sea espiritual o emocional, de una cordillera tan inmensa como los Pirineos?

Por entonces mi economía personal era exageradamente escueta y mi creciente afición por los libros me había comportado algún exceso inoportuno al que le seguía un periodo de carencias tales, que me impedían compra el billete de autobús para ir al monte. Por tal motivo decidí no entrar a la tienda para echar una ojeada al libro. Quizás fuese el último volumen que tenían, quizás aquel ejemplar doblado y requemado por el sol sufriría una devaluación a la hora de adquirirlo gracias a su lamentable estado de conservación. Fuera como fuera preferí no tenerlo en mis manos. Sabía que si lo tocaba sucumbiría a la tentación, que miraría de regatear como un gitano para poder adquirir aquel libro que ni tan solo sabía de su contenido. Me comería la dignidad y el orgullo para poder poseer aquellas hojas impresas que se escondían tras la llamativa foto del navío pétreo de Ansabere. No recuerdo quien era el autor, si era catalán, aragonés o vasco, y también ignoro si su contenido estaba vinculado al mundo del excursionismo, del montañismo o del alpinismo. Solo sé que me pareció un tanto presuntuoso el título … pero !!! que título tan mágico ¡¡¡ Pedante pero mágico. Aparté la mirada del escaparate y alcé la vista hacia las montañas a las que me dirigía y que sobresalían por encima de los tejados de las casas. Las observaba con mis ojos de aprendiz, con mis ansias de saber, y me pregunté en voz baja cuando llegaría a tener la sensación de mirar aquellas cumbres y poderlas llamar, también yo, desde la una presuntuosa mezcla de mediocridad y arrogancia, “mis Pirineos”.

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Han pasado más de treinta años desde el encuentro fugaz con aquel misterioso libro. Nunca más volví a verlo en ningún escaparate, en ninguna librería o en manos de algún conocido. Debo admitir que tampoco me he esforzado excesivamente en buscarlo. Creo que debería tratarse de alguna auto-edición, un esfuerzo valiente y a lo mejor un tanto yermo, de un montañero casi anónimo que deseaba dejar como legado su amor escrito por unas montañas. Aquellas montañas a las que, de tanto quererlas, había llegado a considerarlas de propiedad. Con la perspectiva del tiempo he sabido dislumbrar una segunda interpretación en aquel sentido de propiedad, quizás porque yo he madurado el mío, — mi propio sentido de propiedad — a base de escaladas, aproximaciones, descensos, vivacs y amaneceres. Se trata de un sentido de propiedad mutuo, recíproco y a la vez invertido. Nunca las montañas pertenecen a una persona, es nuestro romanticismo el que nos hace sentirnos un tanto poseídos por ellas.

El montañero siempre debe estar dispuesto a aprender de las montaña. Labra su personalidad y sus aspiraciones, y depura, con el tiempo, su danzar por las mismas. Sus objetivos se convierten más específicos, más concretos y se someten a unas reglas propias e invisibles, cada vez más marcadas.

Se podría entender por “pirineismo” la traducción del doctrina del “alpinismo” a las dimensiones propias de la cordillera pirenaica. Es una actividad que podría abarcar diferentes doctrinas pero que, por su extensión a la palabra “Alpinismo” debe ser considerada como la parcela exclusiva y excluyente de todo aquel montañero que se acerca a las montañas pirenaicas con el ansia de escalar sus paredes en el estilo clásico. Ese estilo y aquella mentalidad que constituye la quintaesencia del alpinismo. Un montañero que asciende a una plácida cumbre de tresmil metros no está practicando “pirineismo”, un excursionista que está enlazando diferentes etapas del G.R. pirenaico no está practicando “pirineismo”. El escalador que fuerzas sus dedos en escuelas equipadas o que rasca la roca con los piolets en pequeñas paredes preparadas para el “dry-tolling” no está practicando “pirineismo”. El “alpinismo” como actividad, lleva intrínseco factores como la dificultad, la envergadura y el compromiso. El “pirineismo” por extensión, debería entenderse única y exclusivamente bajo estas pautas hechas para unos pocos. Se que estas apreciaciones serán del desagrado de muchos, pero en los tiempos que discurren en la actualidad, aquel que asciende al Mont Blanc por cualquiera de sus vías normales no puede jactarse de ser alpinista, ni aquel que sube a un ochomil por su ruta normal siguiendo los trazos de sus precedentes y la larga telaraña de cuerdas fijas, no puede presumir de estar practicando el himalayismo. Falta la base del espíritu alpino: dificultad y compromiso. La dificultad implica escalada, verticalidad, utilizar las manos, los pies, los brazos, notar la llamada del vacío y el vértigo silenciosos de la verticalidad. El compromiso conlleva  sentirse más allá de la superficie de la montaña, es sentirse en las entrañas de las mismas, perdido, olvidado, lejos de cualquier auxilio inmediato, lejos de la vigilancia de otros equipos. El montañero nada por la superficie de la montaña, el excursionista, a veces, tan solo se contenta con mirarla, el alpinista y el pirineista se empapa de ella, y en ocasiones hasta se ahoga en sus profundidades.

En este blog quiero entregaros el resumen de los que han sido mis Pirineos. He escalado multitud de vías, algunas clásicas indiscutibles y otras vías desconocidas que, indiscutiblemente deberían ser clásicas. Pero aquello que me da el vanidoso sentido de propiedad son aquellas vías que han sido labradas por mis brazos, pintadas por mis manos, diseñadas con mis ojos y redactadas con mi corazón. Se tratan de aquellas vías que deben su existencia a mi persona y a los tantos compañeros que me han acompañado en las aperturas. Algunas las he realizado con un mano a mano a la hora de abrir los largos de escalada como primero de cordada; en algunas he llevado la batuta de la orquesta y en otras he gozado de la compañía de aquel que siempre será más diestro en el arte de la escalada, haciendo valida la cita de que a quien buen árbol se acerca, buena sombra le cobija. En ocasiones muy contadas no he tenido a nadie al otro extremo de la cuerda, o simplemente, ni la propia cuerda llegaba a hacerme compañía.

Quiero huir de la narración de la escalada en si, y al falso y vacuo estilo de “por allí llegamos, por allí fuimos, que buenos y bonitos somos”, aborrezco la historia fácil, repetitiva, falsa, cíclica. Aborrezco la poesía barata que aquel que salta de flor en flor con la guitarra y el pañuelo de “boy-scoutt”. Tan solo quiero transmitir un pinceladas puntuales de mi legado, de mis Pirineos, de mis cuadros de pintor, de mis ensayos como escritor, del falso cantante, del soñador de poeta. Deseo transmitir el cinismo de aquel que se sabe parte de la marea de la sociedad, pero que se resigna a diluirse en la misma. El cinismo de aquel que reivindica su derecho a sentirse diferente, sin pretender dar raquíticas lecciones de moralidad y que tampoco quiere erguirme como un bastión solitario y encallado en mi propio tiempo. No pretendo sentirme sabio de cabeza cana ni ser como un faro anclado en una peña condenado a resistir los arrebatos del mar. Solo pretendo reivindicar mi manera de ver la montaña como un reducto del quehacer cotidiano hacia un romanticismo, hacia el entender la vida bajo el prisma de la autosatisfacción. Toda una quimera en estos tiempos de la sociedad de bienestar, en la que se nos ha acostumbrado a engañarnos, a ser normales y felices. Mis recuerdos, mis reflexiones, mi egocentrismo, mi vanidad … son mi defensa, mi fortaleza invisible, mi propia revolución, mi medicina contra tanta normalidad y tanta felicidad prefabricada.

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Durante unos años críticos de nuestra vida, en aquel periodo de tiempo conocido como adolescencia, todo el mundo pasa una crisis existencial fruto del descubrimiento súbito de nuestra necesidad de personalizarnos. Dejamos el umbral de la infancia, donde todo es tan real como fantástico, y donde los padres son el  verdadero tótem bajo el que se guarda la piedra de la seguridad y la sabiduría. Por desgracia, (o por suerte según como se mire), este periodo concluye pronto y la tendencia del joven individuo es alinearse mentalmente con su semejantes. Es cuando la necesidad de divertirse nos viene solucionada con las fiestas, las discotecas, los espectáculos colectivos, las drogas, el alcohol y como no … la única diversión específicamente animal: el sexo.

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Así pues la gran mayoría de la adolescencia acaba sucumbiendo a merced de unos cánones magnos y poderosos, pasando velozmente a una juventud en la que, — a velocidad galopante –, nos embargan las obligaciones, el consumo y la necesidad de ganar dinero para gastarlo. Sin darnos cuentas pasamos de intentar labrar nuestra propia personalidad a divertirnos como todo el mundo y, poco más tarde, a entrar en la espiral de la maravillosa vida del bienestar, con los ingredientes fundamentales de la pareja, el coche y la casa. Prestamente la diversión prefabricada se ve suplida por un alto sentido de la responsabilidad, por la necesidad de trabajar, ser dirigente y atender a nuestras obligaciones. Ante tanta presión cotidiana, las evasiones también están programadas, no hay que alarmarse. Ayer me preguntaba quien era, quería revolucionar el mundo, no comprendía la ignorancia ni la apatía de las generaciones que me precedían. Se tenia que probar todo aquello que implicaba un descubrimiento … hoy anhelo finalizar mis obligaciones laborales para “desconectar” de ellas; tomar un cerveza, criar barriga en el sillón y ver por la caja tonta como cinco personas gritan a la vez y se insultan, o como veintidós individuos con bambas y pantalones cortos dan patadas a un trozo de cuero llamado “balón”. Ante tanta velocidad, tanto vértigo y tanto vacío me asaltan de nuevo las nausias existenciales, prefiero meterme los dedos dentro de la boca, hundirlos hasta la laringe y vomitar. Solo soy un  superviviente a mi tiempo. Mis vías de escalada son parte de mis sueños, de mi lucha. Aquí están , quizás la consideréis mediocres, quizás las consideréis magníficas, igual no llegueis a entenderlas … en el fondo me da igual. Hay están, respondiendo a mi manera de entender la montaña como extensión a mi manera de entender la vida. Son como los pequeños guijarros del camino. Hay están, sí …. son mi humilde atribución a que el Pirineo sea un poco más terreno para “pirineistas”, más Pirineos,  más  “Mis Pirineos”

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